Otras categorías

17/11/2016

Una pasión regulada

Los amantes de la regularidad tienen todos los años una cita obligada con el Gran Premio Argentino Histórico organizado por el Automóvil Club Argentino.

Tal vez no tenga la adrenalina propia de una carrera en un circuito o de una prueba de rally, pero la regularidad es una especialidad que resulta apasionante. ¿De qué se trata? Es una disciplina en la que los participantes deben realizar un recorrido a una velocidad y tiempo lo más cercano posible al establecido por los organizadores. Cuenta con tramos de enlace y pruebas especiales en las que no se puede superar los 80 km/h.

En nuestro país este tipo de pruebas tiene una gran cantidad de adeptos y varios certámenes. Entre ellos se destaca el Campeonato Argentino de GPA (Gran Premio Argentino), fiscalizado por el Automóvil Club Argentino y en el que intervienen autos fabricados entre las décadas de 1930 y 1960 que hayan disputado los GP’s del ACA hasta 1967. El calendario consta de diez fechas y la más importante es el Gran Premio Argentino Histórico, en el que se amplia el parque con modelos que hayan corrido los GP’s hasta 1975.

Al GPAH se lo conoce como La Gran Carrera ya que se disputa durante una semana sobre unos 3.500 kilómetros de recorrido. La 14ª edición se realizó del 15 al 22 del corriente mes y pasó por Buenos Aires, San Luis, Mendoza, San Juan, La Rioja, Córdoba y Santa Fe.

Aunque todos corren para ganar, la camaradería entre los participantes se nota en cada neutralización o en el final de cada etapa. Sin importar la ubicación que tienen en la panilla de tiempos, se juntan y comparten las experiencias y se brindan ayuda si es necesario. 

Los presupuestos para disputar el Gran Premio van de los 40.000 a los 60.000 pesos, incluyendo los 20.000 de la inscripción. Aunque algunos corren para despuntar el vicio, otros buscan la gloria. Y para eso se valen de la tecnología. “Acá tenemos la carrera ideal”, explica Raúl Menéndez mientras señala la pantalla de la notebook que está dentro del habitáculo de su VW Escarabajo de 1960. “Con un programa sacamos la carrera ideal y la comparamos con lo que indica el odómetro. La tarea del acompañante es guiarme con la hoja de ruta e informarme en qué momento debo acelerar o bajar la velocidad para que los dos valores estén iguales”, explica el piloto, que también tiene una referencia sonora de cómo viene cada vez que pasa por alguno de los controles secretos ubicados en las pruebas especiales. Puede parecer sencillo, pero para ser protagonista se necesita muchísima dedicación. “Para estar entre los veinte de adelante hay que tener dos o tres años de práctica”, sintetiza Menéndez.

Esa búsqueda de la perfección hizo que el GPAH de este año estuviese muy reñido. El triunfo quedó para Luis Galardi, quien a bordo de un Peugeot 404 de 1974 estableció un tiempo neto de 57h54m12s10/100 y aventajó por solo 2s38/100 a Moisés Osman (Peugeot 404 de 1979) y por 2s64 a Carlos Berisso (Volvo 122 S de1963). Sí, menos de tres segundos de diferencia entre los tres primeros luego de 3.500 kilómetros…

“Ganar por primera vez esta competencia es muy fuerte por todo lo que significa ya que recorre buena parte del país. Es una prueba muy dura, pero que se disfruta mucho. No solo por el buen ambiente entre los participantes sino porque la gente de los lugares que visitamos siempre nos ayudan de alguna manera”, explica Galardi, que ganó con su hijo Gastón como acompañante.

Obviamente, los vehículos son un espectáculo aparte por su buen estado de conservación. Además de los Peugeot 404 y Volvo 122 también corrieron Fiat 1500, Fiat 1100, Auto Unión, Renault Gordini, Ford Falcon, Torino y otras máquinas poco habituales por estas tierras, pero que participaron porque la prueba otorga puntos para el torneo Codasur como los Ford Lotus Cortina provenientes de Uruguay o un VW Karman que llegó desde Paraguay. También estuvieron las cupecitas del Turismo Carretera, entre las que sobresalió la Chevrolet de 1939 que manejó Lucas Taddia y con la que su abuelo Tadeo Taddia intervino en la legendaria Buenos Aires-Caracas de 1948.

“La intención que tuvimos cuando se creó esta carrera fue que perdure en el tiempo para que no se pierda el acervo histórico de lo que fue ese automovilismo que se practicó entre fines de la década del ‘50 y mediados del ’70. Esta carrera no la organiza un promotor, la hace el Automóvil Club Argentino y, normalmente, pierde plata, pero más que una pérdida económica es una inversión para mantener de una manera viviente la historia de nuestro deporte”, afirma Jorge Revello, vicepresidente segundo del ACA. “Este proyecto lo empezamos con el recordado Jorge Augé Bacqué y Rafael Sierra. Ellos tuvieron la idea y la fuimos desarrollando. Los pilotos no quieren que este Gran Premio se interrumpa. Pero hay que tener en cuenta que cuando empezamos hace 15 años, los autos tenían 15 años menos y los que siguen corriendo hoy tienen 15 años más. Contra el paso del tiempo poco se puede hacer. Por eso buscamos una renovación entre los participantes y la tenemos ya que hay muchos padres e hijos corriendo. Eso nos da la sangre nueva para que se pueda mantener”, agrega el directivo.

Efectivamente, la regularidad es una pasión que se hereda. De hecho, los tres primeros de la general fueron duplas compuestas por padres e hijos. Y semejante sentimiento tiene una cita obligada cada año con este Gran Premio, que consiguió lo que pocas competencias en el país: convertirse en un clásico.

PorDiego Durruty