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12/08/2016

18/01/53: El día que el reventó el Autódromo

El estreno internacional del Autódromo de Buenos Aires contó con 160.000 espectadores. Fue con el GP de Fórmula 1 de 1953, que ganó Alberto Ascari.

Era otra época. Otras máquinas y pilotos. Un automovilismo casi amateur en una flamante Fórmula 1 que disputaba su cuarta temporada. Fue el 18 de enero de 1953 cuando el Autódromo 17 de Octubre, que con el tiempo se conocería como Oscar y Juan Gálvez, tuvo su estreno internacional ante una multitud que según, una crónica de entonces, llegó a 160.000 almas.

Eran los tiempos en que los autos llegaban por barco, los pilotos no cobraban una fortuna y el amor por la velocidad estaba a la orden del día. No tenían un Halo o un Aeroscreen para mejorar la protección de los habitáculos. Ni que hablar de las gomas de los autos, más parecidas a las de una moto. Tampoco existían aún los alerones u otro elemento para mejorar la aerodinámica.

Aquel día el autódromo porteño, construido en el primer gobierno de Juan Domingo Perón a pedido de Juan Manuel Fangio y José Froilán González, tuvo su bautismo internacional de lujo con la primera visita de la Máxima al país. Los europeos descubrieron así que en esta parte del mundo podía haber un escenario de primer nivel e incluso mejor que los que tenían en el Viejo Mundo...

Estaban los italianos ferraristas liderados por Alberto Ascari, Giuseppe Farina y Luigi Villoresi. Y junto al trío peninsular, el inglés Michael Hawthorn de solo 23 años. Mientras que entre los exponentes de Gordini sobresalían los franceses Maurice Trintignant y Jean Behra. Obviamente, había una legión de argentinos integrada por Fangio, González, Oscar Gálvez, Onofre Marimón (todos con Maserati), Carlos Menditeguy, Roberto Mieres, Pablo Birger (los tres sobre Gordini) y Adolfo Schwelm Cruz (Cooper).

Ese fin de semana Ascari dominó desde el principio llevándose la clasificación con un registro de 1m55s4/10, dejando atrás a Fangio, que cronometró 1m56s1/10. La lluvia del sábado por la tarde impidió que el italiano mejore su tiempo de entrenamientos donde había llegado a 1m50s.

Fue una carrera extenuante; durísima por los 40 grados de la temperatura de un intenso verano. Largaron 16 corredores y llegaron nueve. Fueron más de tres horas de competencia (3h01m04s6) para completar 379,460 kilómetros. Ascari estrenó su primer título confirmando la supremacía mostrada en la previa. Fue el único que cumplió con las 97 vueltas pactadas. Se impuso con autoridad y la casa de Maranello logró el 1-2 con Villoresi. Ligado después a La Rossa y responsable de su primer triunfo en la historia dentro de la Máxima, tercero fue Froilán González.

El Top 5 lo completaron el joven Hawthorn y el Aguilucho Gálvez. Fangio se quedó con las ganas de ver la bandera de cuadros por fallas en el diferencial; mientras que Charly Menditeguy abandonó por inconvenientes en la caja de cambios.

La parte negativa de aquél día fue la imprudencia de gran parte del público. Con escasas medidas de seguridad, el extinto Circuito 2 del Coliseo porteño de 3.912 metros estuvo plagado de gente. Hubo un trágico accidente que dejó como saldo a nueve personas fallecidas y 17 heridos. Farina quiso eludir a un joven que se cruzó en la pista, perdió el control y terminó yendo sobre el resto de los fanáticos. Fue la mancha negra para una jornada memorable.

A lo largo de su historia el Autódromo de Buenos Aires tuvo otros marcos multitudinarios. Como el de las siguientes fechas de la Máxima en nuestro país en aquellos primeros años. O en la época de Carlos Alberto Reutemann en la categoría con más de 80.000 personas. También en el retorno de la F-1 en la década de 1990 con una media de 60.000 espectadores. Y categorías nacionales como el Turismo Carretera, Súper TC 2000 y Top Race coparon en su momento la “Catedral” con diferentes eventos.

Pero fue en su debut internacional que el Coliseo porteño quedó marcado por la presencia de 160.000 personas. El número podría considerarse como el récord de público en este escenario y como un registro casi imposible de repetir en la actualidad, lamentablemente...


PorDarío Coronel