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31/05/2016

Stefan Belloff: La estrella que no pudo brillar

Stefan Belloff era llamado a ser el primer alemán campeón de Fórmula 1. A meses de su supuesta llegada a Ferrari, perdió la vida en el Mundial de Endurance.

La historia marca que Alemania tiene en Michael Schumacher a su más grande piloto. Los siete títulos de Schumi, quien sigue peleando por su vida, son indiscutibles. Pero tal vez su gloria podría haber sido precedida por un compatriota que en dos años dejó su sello en el automovilismo internacional: Stefan Bellof.

Nacido el 20 de noviembre de 1957 en Giessen, tras lograr el título en la Fórmula Ford 1600 Alemana en 1980, al año siguiente pasó a la Fórmula 3 germana, en la cual debutó haciendo la pole position con dos segundos de ventaja. Resultó tercero en el campeonato. En 1982 con el respaldo de BMW, consiguió un asiento en el equipo de Fórmula 2 europea de Willy Maurer, ganando las dos primeras carreras de la temporada y terminando cuarto en la tabla general. Maurer posteriormente se convirtió en su manager.

En 1983 también se unió al equipo de la fábrica de Porsche respaldado por Rothmans para el Campeonato Mundial de Resistencia la misma temporada. Siendo compañero de Derek Bell durante la mayoría del campeonato, fue recordado por establecer la vuelta rápida en los 1.000 kilómetros de Nürburgring que iba liderando hasta que volcó su Porsche 956. El 28 de mayo de ese año produjo su máximo hito: su tiempo de pole para esa competencia fue de 6m11s13, el cual es de forma oficial la vuelta más rápida realizada en el viejo circuito de 20 km del Nordschleife de Nürburgring, con un promedio de velocidad de 200 km/h. Además fue la referencia en carrera, donde su giro más veloz fue de 6m25s91, otro récord.

En 1984 Bellof se incorporó a Tyrrell y en la carrera pasada por agua de Mónaco de ese mismo año iba recortando la diferencia con los líderes de carrera Alain Prost y Ayrton Senna cuando la carrera se detuvo definitivamente a la mitad de la distancia oficial. Al terminar la temporada le sacaron todos los puntos del campeonato, junto con su compañero de equipo Martin Brundle, después de que se descubrieran en los coches de Tyrrell lastres ilegales en la parte delantera de los tanques de nafta durante el GP Este de los Estados Unidos.

Aunque ese año tuvo un gran aliciente: ganó el título de pilotos del Campeonato Mundial de Resistencia, al triunfar en seis carreras, y ayudó a Porsche a lograr la corona de Constructores. Además, consiguió el Campeonato Alemán de Automovilismo con un Porsche 956, superando a Jochen Mass y Thierry Boutsen, entre otros.

Bellof ya había generado una verdadera fiebre en torno a su carrera. Los alemanes se ilusionaban con tener a su primer campeón de F.1. En su participación en la Máxima siempre utilizó monoplazas poco competitivos: el equipo Tyrrell de las temporadas 1984 y 1985 era el único equipo de la grilla que aún seguía utilizando los motores Cosworth atmosféricos de Ford, renunciando a 150 caballos de ventaja que tenían los impulsores rivales los turbo.

Sin embargo, sus objetivos en F-1 se truncaron en una carrera del Mundial de Resistencia. Esta verdadera estrella fugaz –lamentablemente- se apagó para siempre el 1 de septiembre de 1985 en los 1000 Kilómetros de Spa-Francorchamps, cuando enganchó su Porsche 956 con el 956 de Jacky Ickx en la Curva de Eau Rouge, con ambos coches envueltos en llamas haciendo parar la carrera.

Su muerte se anunció una hora después en el centro médico del circuito. Este accidente llegó poco después del trágico accidente que costó la vida de su compatriota Manfred Winkelhock en otro Porsche 956 de serie, que hizo que el departamento de ingeniería de Porsche se dieran prisa en desarrollar el modelo 962 mejor protegido.

Según su sitio oficial, antes de su partida, el malogrado piloto germano tenía un precontrato con Ferrari para 1986 para ser compañero del italiano Michelle Alboreto. ¡Lo que hubiese sido en la Scuderia…! Sus proezas lo hicieron merecedor del mote Rey de Nürburgring, donde desde 2013 una de las 176 curvas del Nordschleife lleva su nombre.

Un verdadero fenómeno que pasó a la inmortalidad a los 27 años y se convirtió en un titán germano. Quién mejor que un notable vecino suyo, como Niki Lauda, para definirlo: “Tenía la habilidad de subirse a un auto y en su primera vuelta lanzada mejorar el tiempo de su compañero, cualquiera que fuera”. Stefan Bellof, sencillamente, espectacular.

PorDarío Coronel