Mundo CORSA

01/04/2019

Orgullo nacional (PARTE 2)

En esta segunda y última parte del relato de ficción, la Escudería Argentina se lució en la GP2 Series. Pechito y Guerrieri hicieron méritos para sumarse al staff de la F-1. ¿Lo habrán conseguido?

PRODUCCIÓN DE IMAGEN: DIBUJOADESIGN

Sin dudas el ejercicio 2005 fue una bisagra para el automovilismo nacional. El proyecto solventado por el Estado, la Escudería Argentina (EA), buscó promover a dos jóvenes pilotos en la Fórmula 1 para 2006. José María López y Esteban Guerrieri tuvieron una gran temporada dentro de la GP2 Series y se destacaron para poder tener su lugar en la Máxima.

La faena fue buena para el equipo, que desde el primer momento mostró una clara alineación: Enrique Scalabroni a cargo del auto de Pechito y Sergio Rinland sobre el de Guerrieri. Más allá de eso, ambos técnicos compartieron información a lo largo del año buscando el mejor resultado global. Javier Ciabattari fue el nexo entre ellos y los mecánicos. En tanto que Víctor Rubén Rosso, responsable deportivo, tuvo un diálogo constante con ambos corredores. La experiencia internacional de Bichín fue clave a la hora de planificar las carreras y contener a los pilotos.

A pesar de la distancia, desde la Argentina hubo una gran expectativa por la EA. Televisación en vivo y en directo de toda la actividad, nutrida de pauta oficial por el patrocinio del Estado. Por el interés que se despertó en el país también hubo una buena presencia de periodistas de diversos medios acreditados para toda la temporada. Este panorama ratificó al automovilismo como la segunda disciplina en cantidad de adeptos después del fútbol. Y el público local pudo tener contacto directo con el equipo en la segunda edición de los 200 KM de Buenos Aires del TC 2000, donde los pilotos dieron una exhibición con uno de los Dallara-Renault.  

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Los buenos resultados se dieron a lo largo del año y ello generó que el Estado no sea el único soporte económico y el proyecto de la EA comenzó generar su auto sustento. Con el correr de la temporada, el marco alentador del equipo argentino promovió el interés de empresas privadas, en su mayoría del rubro automotor seguido de los alimenticios, entre otros. Cabe recordar que YPF y Aerolíneas Argentinas fueron los puntales estatales junto a la promoción turística. En tanto que los privados vieron la posibilidad de difusión por la cobertura mediática. También accedieron a beneficios impositivos, gestión hecha por el Ministerio de Turismo y Deporte de la Nación, previa aprobación desde Casa Rosada.

Las firmas que se incorporaron pudieron mostrarse con sectores corporativos en los diversos autódromos del calendario internacional, lo que les posibilitó ampliar las perspectivas para comercializar sus productos en el exterior. Además, según estudios de mercado, lograron mejorar su posicionamiento en el ámbito local ante la buena impresión del público por el apoyo al equipo argentino. Se generó un “espíritu nacional”, donde la gente común, los consumidores de esas empresas, colaboraron de forma indirecta con la EA. 

Lo más importante fue que en lo deportivo también se brilló. Fueron 12 fechas con dos carreras en cada una, menos en Mónaco, donde Pechito logró un histórico triunfo. De las 23 competencias, hubo otros cinco triunfos de López (España, Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia) y tres de Guerrieri (Hungría, Turquía y Bahrein). Ambos cosecharon en total 14 podios. Sin embargo el título fue para Nico Rosberg (ART Grand Prix) y López quedó segundo a solo cinco puntos del alemán. Pero su labor le permitió una prueba con el flamante equipo Red Bull de F-1, que en 2005 ingresó en la Máxima con muy buen presupuesto.

“López es muy rápido y demuestra un profesionalismo fuera de lo común”, resumió el director del equipo austriaco, Christian Horner. Las palabras del team-manager inglés, el rendimiento del cordobés en el test, su paso por el programa de pilotos de Renault F1 y el apoyo económico desde la Argentina, le valieron ser titular en 2006 junto al experimentado escocés, David Coulthard. Mientras que Guerrieri logró ser piloto de pruebas de la escuadra satélite de la bebida energizante, la nueva Scuderia Toro Rosso, que se incorporará en el próximo ejercicio con el remanente de Minardi y con el italiano Vitantonio Liuzzi y el estadounidense Scott Speed como titulares. El suizo Neel Jani será el otro tester.

Cumplido el objetivo y con López a la F-1 en 2006, ese año Guerrieri continua en GP2 Series y el otro auto será para el arrecifeño Juan Cruz Álvarez. Mientras que Caíto Risatti seguirá como piloto de reserva y con la prioridad para 2007 si Esteban pega el salto definitivo a la Máxima.

También en la segunda temporada de la EA, se forjó un equipo en la Fórmula Renault Europea (FRE) que estará a cargo de Gabriel Furlan y con Ciabattari como responsable técnico, ya que tenía una gran experiencia con los chasis Tatuus. Los jóvenes que accedieron a esa chance fueron el primero y segundo de 2005 en la FR Argentina, Lucas Benamo y Juan Marcos Angelini. Para los años siguientes se usará el mismo tipo de selección. En ese ejercicio también se apoyó la participación en el Mundial de la Comisión Internacional de Karting (CIK) y la Federación Internacional del Automóvil (FIA), donde fueron elegidos dos chicos de 13 años, un cordobés de nombre Facundo Chapur y un mendocino llamado Julián Santero. Para 2007 la meta completa es sumar un team en la F-3 Euro Series, promoviendo a los que corrieron en la FRE en 2006. 

Por si fuera poco, debido a la “fiebre” desatada por este programa de pilotos, comenzaron las gestiones para que con inversión pública y privada, se reacondicione el Autódromo de Buenos Aires Oscar y Juan Gálvez y se recupere el Gran Premio de Fórmula 1 a fines de 2008 o 2009 a más tardar, siempre después de la fecha brasileña. 

No obstante, lo más importante es que la Escudería Argentina forjó una base sólida. El talento nacional en el deporte motor tuvo su gran momento luego de más de tres décadas. La proyección a largo plazo y compromiso del Estado pusieron fin a los emprendimientos privados, donde con enorme sacrificio los jóvenes pilotos, en muchos casos, veían truncas las chances de llegar a la F-1.

Fue un antes y un después. El panorama invitó a ilusionarse. En el automovilismo, el mérito y capacidad volvieron a ser reconocidos. La ratificación de que cuando se quiso, se pudo. La receta de siempre, que durante décadas no se aplicó, finalmente se vio con creces por la participación del Estado. Seguridad y proyección porque la cantera de pilotos es inagotable y el programa, siempre que fuese acompañado, no parecía tener fin. Fue cuando la historia cambió. Había llegado el momento en el que ese sueño épico se hizo realidad.

PorDarío Coronel