Mundo CORSA

25/03/2019

Un sueño épico (parte 1)

En este relato de ficción, te contamos cómo hubiera sido un dream team argentino con Pechito López, Esteban Guerrieri, Enrique Scalabroni, Sergio Rinland y Víctor Rosso como pilares.

Producción de imagen: DIBUJOADESIGN

Los protagonistas de este relato son de carne y hueso, aunque por esas cosas que pasan en la Argentina se trata de un ideal que no se pudo plasmar en los hechos. Pero a la hora de analizar hipótesis que podrían haber cambiado la historia del deporte motor nacional, bien cae el refrán de “soñar no cuesta nada”. ¿Te imaginás cómo hubiese sido un equipo argentino para una categoría internacional de primer nivel patrocinado por el Estado y con los mejores pilotos y técnicos del momento?
Algo de esto sucedió en los años cincuenta con Juan Manuel Fangio y José Froilán González en la Fórmula 1. Luego estuvo el equipo del Automóvil Club Argentino, también con solvencia económica estatal, que llevó a la Máxima a Carlos Alberto Reutemann a principios de la década de 1970.

Nuestro país tiene talento abajo y arriba de los autos. ¿Qué hubiera pasado con una escuadra argentina, a mediados de la década pasada, con José María López y Esteban Guerrieri como pilotos, Enrique Scalabroni y Sergio Rinland como responsables técnicos y Víctor Rubén Rosso como director deportivo...? De esto se trata la siguiente ficción, mezclada con hechos verídicos, pero que conforman solo un ensayo.

Luego de la peor crisis en la historia de la Argentina y en vías de recomposición, a principios de 2004 desde el Gobierno Nacional se analizaron los caminos para potenciar el desarrollo de la nación. Para ello el turismo se mantuvo como un capital inquebrantable a pesar de las diversas vicisitudes económicas. Los paraísos en los cuatro puntos cardinales de esta tierra siguen siendo un diamante para explotar. En plena globalización y proliferación de los medios digitales, difundir el destino de la Argentina como oferta turística fue el embrión de este plan junto con la promoción de empresas estatales, más allá de tener éstas accionistas extranjeros. A su vez, que sea una inyección para atraer capitales privados. Qué mejor promoción que la Fórmula 1, que visita 20 países al año, recorre cuatro continentes y tiene televisación para todo el mundo.

Así nació el proyecto denominado “Escudería Argentina” (EA). Con el presupuesto aprobado desde el Poder Ejecutivo, desde el Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación se contactaron con el ACA para recibir su asesoramiento. La entidad madre aconsejó que “lo mejor sería armar un equipo estructurado por argentinos”. Se le brindaron los contactos al Estado, que no dispuso de un “cheque en blanco”, pero sí de una fuerte inversión que llegaba a los ocho dígitos en dólares por cada uno de los tres años iniciales del proyecto. Para justificar ese gasto, desde Casa Rosada consideraron el impacto económico a favor que tendría el país. De prosperar el plan, también se estudiaría la posibilidad de recuperar el Gran Premio de F-1 para 2008 o 2009.

Para lograrlo se armó un team en la flamante GP2 Series que comenzaba en 2005, la división promocional previa a la F-1. Fue el puntapié inicial de un proyecto a largo plazo cuya segunda etapa era sumar otros jóvenes de diversas edades en un equipo en la F-3 Euro Series, Fórmula Renault Europea y participación en el Mundial de la Comisión Internacional de Karting (CIK) y la Federación Internacional del Automóvil (FIA), el más importante de la especialidad.
Luego de la buena faena de José María López y Esteban Guerrieri en la temporada despedida de la Fórmula 3000, donde ambos terminaron sextos, se los convocó para ser los pilotos titulares en la EA. Mientras que Juan Cruz Álvarez y Caito Risatti fueron los corredores de reserva, aunque con libertad y algún apoyo presupuestario para correr en otras categorías o en la propia GP2.

En tanto Enrique Scalabroni y Sergio Rinland, ingenieros de gran experiencia en la F-1, aceptaron la propuesta para ser responsables técnicos de los cuatro Dallara con motor Renault, dos monopostos titulares y otro par de muletos. A su vez los ingenieros fueron la cabeza general del equipo. Detrás de ellos se encolumnó Javier Ciabattari, un técnico formado por Scalabroni y con una carrera incipiente en Europa (luego tomaría la posta con el correr de los años). Y como director deportivo se designó a Víctor Rubén Rosso, ex piloto con una amplia carrera internacional y a cargo hasta ese momento del Equipo Honda de TC 2000, que quedó al mando de su amigo y socio, Leo Monti. Por último, también se incorporaron mecánicos argentinos que fueron recomendados desde el automovilismo nacional, especialmente del Turismo Competición.

La sede del equipo fue la del BCN Competición, la escuadra catalana de Scalabroni en la F-3000, cuya base de Granollers estaba cercana al circuito de Montmeló. El objetivo del proyecto era que Pechito y Guerrieri llegasen a la Máxima en 2006, o al menos uno de los dos. Permitirles incorporarse al gran circo en una estructura de mitad del pelotón. Promover una base para que puedan mantenerse y mostrar que eran capaces correr y competir en la F-1. Luego, según los resultados y apoyo económico, poder saltar a una escuadra de punta. A partir de ahí, logrando ser pilotos remunerados por los equipos, emplear el presupuesto que venía de la Argentina para que otros pilotos puedan seguir el mismo camino.

A principios de la década pasada, las campañas de López y Guerrieri eran apadrinadas por el equipo Lincoln Sport Group a cargo de Hugo Cuervo, pero regenteado en Europa por Julio Gutiérrez. Mientras que Pechito logró insertarse en el programa de desarrollo de pilotos de Renault F-1, el porteño debió seguir por su cuenta y llegó a la estructura de Scalabroni en 2004, cuando fue elegido como “Debutante del Año” por la FIA. En la temporada siguiente López (22 años) y Guerrieri (20), contaron con la gran posibilidad que siempre soñaron. O al menos esa chance que les allane el camino para llegar a la F-1. También fueron las caras visibles del Ministerio de Turismo y Deporte, como protagonistas de sus publicidades en diversos puntos de nuestro país y de las empresas nacionales que se sumaron. A su vez el Estado dispuso de sectores en los autódromos donde promover el turismo con la leyenda “Visite Argentina”, los productos de YPF y servicios de Aerolíneas Argentinas, como principales pilares de esta movida.

La expectativa era enorme y estaba a la altura del desafío. Enfrente estaban los mejores equipos promocionales como el Hitech con el brasileño Nelsinho Piquet, ART Grand Prix con el alemán Nico Rosberg, Arden International con el finlandés Heikki Kovalainen y el Campos Racing con el propio J.C. Álvarez, entre otros.

Ilusionaron las pruebas preliminares donde la EA hizo de “local” en Montmeló, logrando el tercer y sexto puesto en los tiempos generales de cuatro días. Pechito pudo completar ese podio parcial y Guerrieri también se destacó. Los monoplazas se mostraron confiables con más de 350 vueltas cada uno en el total de jornadas.

Hasta que llegó la hora de la verdad. El fin de semana del 23 y 24 de abril de 2005 en Imola, sede del Gran Premio de Fórmula 1. López, Guerrieri, Scalabroni, Rinland y Rosso a la cabeza de una oportunidad única. Sus antecedentes demostraban que podían estar a la altura y cumplir el objetivo de promover a uno o los dos pilotos a la F-1 en 2006. Pero las carreras hay que correrlas. Eran conscientes de que no iban a haber grises: éxito o fracaso. Esta historia continuará...

PorDarío Coronel