Mundo CORSA

10/02/2017

Luz, cámara, ¡acción!

La Buenos Aires-Caracas, la carrera más importante en la historia del Turismo Carretera, llegó en 2012 a los cines a través de un documental.

En la familia Cedrón se hablaba mucho de automovilismo. Y no era para menos. Don Cedrón estaba en un equipo de Turismo Carretera como auxilio del neuquino Nino Saladino y para pasarla lo mejor posible solía irse con su esposa y sus hijos a los cruces de ruta. Eran los años 70 y Andrés, el menor del clan, estaba maravillado con ese mundo. Cada vez que podía acompañaba a su padre y escuchaba atentamente todas esas anécdotas a puro fierro que se contaban en el taller y en los asados. Aunque sentía especial fascinación cuando las charlas eran sobre el Gran Premio de América del Sur de 1948 o la Buenos Aires-Caracas, como también se conoce a esta competencia emblemática del Turismo Carretera. Aquel niño estaba seducido por la pasión que le transmitían las palabras de su papá cuando mencionaba a los Gálvez, Fangio, Marimón, Marcilla y el resto de valientes que hicieron 10.000 kilómetros para unir Argentina y Venezuela, pasando por Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.

Andrés creció y la vida lo rumbeó para otro lado, el del cine. Aunque jamás se olvidó de aquellas historias. Así nació La Caracas, un documental que retrata aquella epopeya que admiraba de chico y que se estrenó el 25 de octubre de 2012… Cedrón se muestra orgulloso de su opera prima y del objetivo que logró: “mostrarle al resto de la sociedad una historia que estaba muy bien guardada en el ambiente del automovilismo”.

Hacer el film llevó su tiempo, principalmente por el escaso material fílmico de la época. Pero Andrés contó con la invalorable colaboración de familiares de pilotos que formaron parte de la competencia y eso, poco a poco, fue dándole forma definitiva a la película. Además, se realizaron entrevista a personalidades del ambiente; como José Froilán González, quien participó de la competencia antes de marcharse a Europa para correr en la Fórmula 1. Y hasta se hicieron recreaciones con cupecitas originales (como las de Tadeo Taddia y Darío Ramonda, padre del director general del Toyota Team Argentina) y otras restauradas cedidas especialmente por aquellos cultores de los años dorados del TC.

Andrés Cedrón, director de La Caracas.

Andrés Cedrón, director de La Caracas.

 

Otra cosa interesante del film es que toma la competencia como hilo conductor para retratar una época convulsionada social y políticamente ya que en aquel 1948 se acentuó la injerencia de Estados Unidos con la creación de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y se sucedieron golpes militares en Perú y Venezuela. “Pensé que era indispensable hacer referencia a estos acontecimientos, para desligar al espectador de lo que pareciera ser un simple hecho deportivo y anecdótico. La experiencia de la carrera es un retrato de los cimientos de la identidad latinoamericana presentes en movimientos políticos y gobiernos de muchos de los países de la región. Pero también de la solidaridad de los pueblos que con arduo trabajo apoyaron a sus pilotos moral y económicamente”, cuenta Andrés.

Con esa prosa que caracteriza a los directores, Cedrón resume La Caracas de la siguiente manera: “Esta historia me recordó las palabras del cineasta argentino Fernando Birri (que transcribiera el escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro Las palabras pensantes): ‘La utopía está en el horizonte, un truco del destino. Si camino dos pasos, dos pasos se me aleja. Si cien pasos camino, se me aleja cien pasos. ¿Para qué sirve –digo- entonces, la utopía? Para esto sirve –digo-. Para seguir y seguir caminando, mi amigo’. Aquí está el origen del texto que utilicé al empezar y terminar el documental: ‘Una utopía no es sólo la meta, sino también el camino’, que resulta una adaptación de concepto a la historia de la carrera automovilística”.

 

“Anécdotas hay miles”, cuenta Andrés. Aunque tiene una que es muy especial y tiene como protagonista a Luis Tollerutti, acompañante de Américo Giménez, el último en llegar a la meta. “No lo podíamos encontrar por ningún lado, pero dio la casualidad que mi viejo fue un asado y comentó que yo estaba trabajando en la película. Justo estaba una persona que lo conocía y nos dijo dónde encontrarlo. Lo pudimos entrevistar y a las dos semanas falleció. Haber tenido la posibilidad de hablar con él fue un regalo”.

Cuando era chico Andrés Cedrón soñaba con ser parte de la Buenos Aires-Caracas y, de algún modo, lo logró con este documental.

PorDiego Durruty