Mundo CORSA

19/04/2016

Los 50 años de CORSA

Para recordar los comienzos de La Única, reproducimos esta entrevista que les hicimos en su momento a cuatro integrantes del staff original.

En sus primeros años, CORSA se daba el gusto de participar en competencias.

La idea era que los cuatro contaran cómo fueron los comienzos de CORSA. Llegan a la cita más o menos en horario. Ricardo “Pistola” Delgado (64) y Eduardo “Coquito” González (75) pican en punta. Se encuentran en la puerta de la redacción; y ahí nomás empiezan a ponerse al día. Hacía mucho tiempo que no se veían. A los pocos minutos se suman Jorge “Pancita” Augé Baqué (65) y Carlos “El Negro” Neira (70).

La sala de reuniones de la redacción se carga de emotividad en pocos instantes con abrazos afectuosos y varias cargadas. Durante una veintena de minutos, un puñado de viejas fotografías pasan de mano en mano con las consabidas indicaciones. “Mirá la cobertura que hacía CORSA de los Grandes Premios”, apunta Augé Baqué, sosteniendo una imagen con un auto de carrera flanqueado por otros tres vehículos particulares y una buena parte de aquel joven staff de la revista. “Por esos tiempos CORSA se daba el gusto de participar de algunas competencias para contar desde adentro cómo se vivían”, aclara.

“¡Y ésta!”, dispara Delgado. “Se me vino el auto de Sergio Solmi encima y tuve que salir corriendo. Pero el cigarrillo no lo solté, ¡eh!”, explica sobre esa foto en la que se lo ve en plena carrera tratando de esquivar el Fórmula Renault del piloto de San Pedro.
Las anécdotas se suceden una tras otra. No hay espacio para las preguntas, ni tampoco hace falta hacerlas. Sólo hay que escuchar y disfrutar a estos cuatro hombres que vuelven atrás en el tiempo para rememorar los inicios de esta revista que es parte de sus vidas.

CORSA fue una creación de la desaparecida Editorial Abril, que por ese entonces sólo tenía productos mensuales y quería sacar un título semanal. El editor, Raúl Burzaco, planteó la idea de hacer un semanario dedicado al automovilismo y que fuera un apéndice de la mensual Parabrisas. Así fue que el 19 de abril de 1966 se publicó el Número 0, con Jorge Cupeiro como protagonista de la portada. El nombre estuvo basado en un modelo de neumáticos de competición de Pirelli; mientras que el logo también tuvo una inspiración externa, la revista italiana Auto.

Los cuatro invitados hablan de cómo trabajaban hace cuatro décadas. No había fax ni e-mail y la manera más rápida de tener contacto con la redacción desde el exterior era mediante un telex o el teléfono. Tampoco había computadoras, por lo tanto en la redacción siempre se escuchaba ese sonido tan característico que tiene las máquinas de escribir. El envío de las fotos también era un tema: se hacía vía aérea, entregándole el preciado paquete a un desconocido.

“En la década del 70 Germán Sopeña era nuestro enviado para seguir la campaña de Carlos Reutemann. Le daba las fotos a algún pasajero que venía a la Argentina y después nos decía el nombre y cómo estaba vestido. Hacer eso hoy en día es imposible… Germán la tenía muy clara. No le daba el material a cualquiera. Seguía algunas pautas: debían ser muchachos jóvenes. Tenía prohibido entregarlo a gente mayor o a mujeres. A mi me sirvieron mucho esos consejos”, detalla Delgado.

A veces con las fotografías había un problema: como no se transmitían el mismo día de la carrera había que usar imágenes de las jornadas anteriores y hasta de otras competencias. “La Fórmula 1 cambiaba los números de carrera a carrera así que teníamos que pintarles los que usaban en ese Gran Premio. Además, las publicábamos bien cerradas para que no se viera el paisaje. No teníamos el Photoshop, así que eso se hacía a mano”, explica González, quien se desempeñaba como diseñador. Pero la llegada de la telefoto a mediados de la década del 70 permitió solucionar ese inconveniente.

Y ante la ausencia de celulares, renegaban mucho con las comunicaciones. A veces tenían que esperar dos horas hasta que la operadora los conectaba con la revista para dictarle a un compañero la cobertura de una competencia. “Por ahí tenías que decir varias veces las mismas cosas porque el que estaba en Buenos Aires se perdía. Cuando me tocaba ir a las carreras y tenía que hacer eso, terminaba todo sudado y tensionado”, explica Neira, quien ahora colabora en varias publicaciones.

Pero estos muchachos veinteañeros también la pasaban bien haciendo algunas travesuras, que iban desde iniciar una batucada con el golpeteo de una lapicera sobre un vaso y palmadas en las Olivetti hasta simular ser consejeros sentimentales en la época en la que CORSA compartía el edificio con otros títulos de ese rubro de Editorial Abril. Cuando se ligaba alguna comunicación telefónica, por ejemplo, se hacían pasar por la persona que buscaban. “Una vez llamó un tipo al que se le estaba hundiendo un barquito. Supuestamente, se había comunicado con su aseguradora. Lo tuvimos una hora en el teléfono hasta que le dijimos que le íbamos a mandar a un técnico para que lo ayudara. Cuando nos preguntó cómo lo iba a identificar, le dijimos que se iba a dar cuenta en seguida porque iba a bajar del micro vestido de buzo y con una escafandra”, cuenta Neira.

También solían hacerle bromas a la competencia. “Llamábamos a Automundo para pasar información falsa. Inventábamos clasificaciones de tal modo que la primera letra del nombre del piloto formara la leyenda ‘CORSA mejor’ si las leías de manera vertical. Pero estos tipos eran tan formales que siempre ponían el apellido primero y se terminaba leyendo cualquier cosa”, cuenta el Negro, que se jacta de haber sido despedido de la revista en cuatro oportunidades.

Entre tantos recuerdos, el Idiotario tiene un capítulo aparte. Era una selección de frases disparatadas que se decían de manera espontánea y que alguien se encargaba de recopilar. Algunas de ellas: “Qué elegante que estás… Parecés un jaque” (en lugar de Jeque) o “qué rigor en la melancolía”. Delgado, que confiesa que usa algunas de esas expresiones de manera cotidiana, afirma que las mismas no se debían al ingenio de los integrantes del staff sino a que “éramos una máquina de decir pelotudeces”.

Otros clásicos de esa época eran las carreras de autitos en el piso de la oficina -Delgado se ufana de ser siete veces campeón- o de los duelos con avioncitos de papel que tiraban por la ventana del tercer piso e, inevitablemente, inundaban la Avenida Alem y la calle Paraguay, donde estaba la editorial.

Párrafo aparte para las personalidades que solían visitar la redacción. Tanto del ámbito local como internacional, sobre todo cuando la Fórmula 1 corría en el país. “Algunos venían sólo a saludar. Mientras que en la época de los Grandes Premios de F-1 organizábamos asados para los pilotos”, dice Delgado.
Aquel equipo del que formaban parte Augé Baqué, Neira, Delgado y González estaba dirigido por Willy Mártire. Carlos “Talicho” Fresco era el jefe de redacción, mientras que Germán Sopeña, de jóvenes 21 años, era el secretario. La troupe la completaban los periodistas Enrique Sánchez Ortega, Carlos Figueras, Julio Pérez Balbi, Sergio Cornejo, Héctor Luis Bergandi y César Sorkin y los fotógrafos Alfredo Albornóz, Armando Rivas y Antonio Capria.

Delgado, que entró a la revista en 1973 en reemplazo de Neira (“cuando yo empecé a trabajar aún estaba su silla caliente”, dice con humor), afirma que por aquellos años el grupo estaba integrado por unas 23 personas. “Con eso podías hacer cuatro revistas juntas, pero de pedo hacíamos una”.

Otros periodistas que pasaron en esa época por la revista fueron Héctor Granato, quien después emigró al diario Crónica; y Carlos Marcelo Thiery, quien después pasó a El Gráfico. Y con el correr de los años se sumaron Alfredo Parga, Eduardo Neira (hermano del Negro), Raúl Pellegrino, Néstor Carbia, Alberto “Librito” Del Priore, Sergio Goldvarg, Héctor Cademartori, Oscar Fittipaldi, Marcelo García Lobelos, Jorge Fernández Morano, Raúl Barceló, Juan Carlos Valenzuela, Duilio Caro, Domingo Camarda y Martín Egozcue, por nombrar algunos; y también trabajaron grandes fotógrafos como Enrique Bianco, Miguel Tillous, Oscar Mosteirín y Jorge Marchesín.

En reiteradas oportunidades Augé Baqué (NdeR: falleció pocos meses después de esta nota), interrumpe las anécdotas e invita a realizar alguna pregunta. Pero no es necesario. Aunque el grabador sigue con la luz roja prendida, esto está muy lejos de ser una entrevista. Es una charla de amigos, de esos que hace más de cuatro décadas se reunían en su lugar de trabajo para compartir algo en común: la pasión por el automovilismo.

“Eso era lo que nos unía”, dice Neira. “Éramos todos muy jóvenes y teníamos un gran ímpetu y empuje. El ambiente de trabajo era distendido y eso se reflejaba en la revista. El lunes, que era el día franco después del cierre del domingo, nos volvíamos a juntar en la redacción. No había ninguna obligación, pero lo disfrutábamos. Como decía Cornejo, el lunes la redacción se hacía clú…”, agrega.

Desde aquel 19 de abril de 1966 a este 19 de abril de 2016 transcurrieron 50 años. La revista pasó por muchas etapas. Algunas buenas y otras no tanto. Hasta tuvo que entrar en boxes por un tiempo en 2002 para volver a pista en 2007 con más ganas y empuje y en 2012 se hizo mensual. Hoy la marca se adaptó a los nuevos tiempos apostando al mundo digital, aunque teniendo un contacto semanal a través del Suple CORSA que sale con varios diarios del interior para sumar 130.000 ejemplares.

Los que hoy hacemos CORSA nos sentimos en la obligación de honrar el trabajo que hicieron estas personas, que dejaron parte de sus vidas en cada nota, cada cobertura y cada entrevista. Es verdad, nos separan muchos años. Pero nos une algo: el orgullo de ser parte de La Única.

EL LOGO
No siempre fue rojo, blanco y negro. En sus primeros números solía aparecer el azul reemplazando al rojo. En los años ochenta dejó de figurar el filete blanco en su contorno. En los noventa volvió el filete, pero el logo se modificó: fue oblicuo y más chico. Promediando esa década recuperó su tamaño, pero se mantuvo oblicuo. Esa línea siguió en el relanzamiento hasta el número 1999. En la edición 2000 se cambió nuevamente incrementando su dimensión al ancho de la tapa y utilizando una tipografía más moderna.