Mundo CORSA

30/09/2015

15 años sin el Loco

El 30 de septiembre de 2000, en un accidente aéreo, falleció Rubén Luis Di Palma, quien sigue vivo en los corazones de todos.

Hace 15 años Rubén Luis Di Palma hacía su última locura. Maldito sea ese día que se fue para siempre en ese accidente aéreo. ¿Qué se puede contar del Loco que no se haya escrito? Hablar de sus títulos, proezas, la idolatría de la gente y sus gestos como persona, sería redundante.

En tiempos donde la carencia de referentes -en todos los ámbitos- está a la orden del día, la ausencia del Loco se siente aún más. Sin embargo en memoria y por respeto a su legado, se debería tomar el ejemplo de este luchador. Sí porque el viejo Di Palma, como lo llaman sus hijos, aparte de un piloto notable con sobrado coraje fue un guerrero de mil batallas.

Es tan grande su huella que sus éxitos deportivos (ocho títulos argentinos) podrían quedar en un segundo plano. Siempre supo pelearla y nunca bajó los brazos. El mismo reconoció que en más de una oportunidad perdió casi todo su capital económico. Pero a lo largo de los años tuvo la grandeza personal para que su gran amor, la Tana Lo Valvo, sus hijos y nietos, lo sigan amando de forma ilimitada.

En la pista siempre dejó todo, y mucho más. Esa clase de deportista que siempre se brindó por el espectáculo. Pero con un plus: su enorme talento que lo hizo autor intelectual de maniobras increíbles y duelos titánicos. Entre ellos, con Juan María Traverso, cuyas batallas en el TC 2000 y Club Argentino de Pilotos, a principios de los años ochenta, marcaron a fuego a nuestro automovilismo.

Alfredo Parga contó una vez una gran anécdota: “Una vez Luis me dijo, ‘si hubiese sido Reutemann, le hubiese tirado el auto encima a Piquet’ (por la definición del título de la Fórmula 1 en 1981). Yo lo miré y le dije que no le creía, ya que no era una mala persona y deportista para llegar a ese extremo. El Loco sólo me lo había dicho por un impulso y ambos sabíamos que una actitud tal en pista, no era genuina en él”.

Oreste Berta tuvo en sus autos a los mejores pilotos del país. Hasta Jackie Stewart llegó a subirse a una de sus máquinas. Pero el histórico constructor siempre lo tuvo a Luis en su podio de pilotos. “Con Di Palma trabajamos durante muchos años y hasta llegamos a vivir juntos. Quizás en algún momento la relación se deterioró, como suele pasar cuando dos personas están mucho tiempo juntas. Pero a lo largo de los años ambos aprendimos mucho uno del otro”, contó alguna vez Oreste.

Cuando ganó su última carrera, aquel 13 de septiembre de 1998 con un Ford de TC en Buenos Aires, subió al podio, se quebró y dejó un recordado mensaje. “Ganar a mi edad (casi 54 años), demuestra lo hermoso que es el deporte. A los jóvenes les digo que no dejen de practicar algún deporte. Les digo que, si yo puedo ganar, todos pueden hacerlo. No se apuren, hay que andar tranquilos en la vida, todo llega…” Sus palabras eran dirigidas a toda la juventud y, en especial, a sus dos hijos menores, Patricio y Marcos, quienes empezaban a consolidarse a nivel nacional.

La gente lo sigue queriendo no solo por su grandeza deportiva y carisma. Su corazón valiente fue el fiel ejemplo del argentino que siempre la luchó. Rubén Luis Di Palma, un elegido que en vida alcanzó la gloria y consiguió la inmortalidad.