Columnas de opinión

09/10/2012

Sobre la futbolización del automovilismo

Los sucesos acaecidos el domingo por la tarde una vez finalizada la carrera de Turismo Carretera en San Luis dejaron un tema importante para estudiar: ¿se vienen las barras en el automovilismo?

Como en cualquier actividad deportiva, en el automovilismo la pasión siempre está presente. Especialmente en el Turismo Carretera, donde el sentimiento es palpable en cada autódromo que visita la categoría. La movilización de público no es menor cuando se aproxima un nuevo compromiso, y desde todos los puntos del país miles de fanáticos se dirigen a los circuitos para disfrutar de un buen momento.
San Luis no fue la excepción, ya que esa provincia cuenta con uno de los trazados más imponentes de la Argentina y es un clásico escenario para la división más antigua del mundo, con buena convocatoria de público a pesar de las malas condiciones climáticas como las que hubo este domingo. El Rosendo Hernández recibió al TC y no desentonó, en consonancia con el espectáculo que acogió este fin de semana.
Las series, la carrera de TC Pista y el plato principal, la final teceísta, fueron el deleite de todos los que concurrieron a presenciar una verdadera exhibición de talento conductivo bajo la lluvia. Todo a pedir de Chevrolet, con triunfos de Nicolás Trosset, en la categoría telonera, y Matías Rossi, quien en la división mayor encabezó el 1-2-3 que completaron Agustín Canapino y José María López.
Pero algo llamativo sucedió una vez concluida la segunda competencia de la Copa de Oro 2012. Los hinchas del Moño expresaban su algarabía con los clásicos cánticos en el podio, mientras los pilotos los arengaban e instantes después recibían los correspondientes trofeos.
La ovación de los fieles del Chivo no estaba dirigida a Rossi, el vencedor, sino a Canapino, a quien le expresaron todo su apoyo para el campeonato. En medio de los festejos hubo insultos que volaron hacia el de Del Viso, lo que desencadenó una sucesión de lamentables hechos en la posta puntana. Lo que debía ser una celebración tanto para el ganador como para los hinchas terminó siendo un incómodo momento.
En conferencia de prensa post carrera, Rossi hizo su descargo. Sus expresiones fueron la evidencia de la ruptura entre el corredor y una facción de los simpatizantes de Chevrolet. "Ojalá pueda llevar el 1 a otra marca el año que viene. No puedo estar con una hinchada que me insulta. No vamos a tener buena relación con gente que no me gusta".

¿El fin del romance? No es de reciente aparición el conflicto entre ambos: la parcialidad dorada levantó el guante luego de las declaraciones del Granadero en la edición 2132 de la Revista CORSA e hizo público su malestar a través de diferentes medios. "No soy hincha de Chevrolet y de ninguna marca, sólo soy fana de pilotos, como el Flaco Traverso y Ayrton Senna", aclaró.
El interrogante que a primera vista surge es el de por qué un piloto necesariamente deba simpatizar con la marca para la que corre y si está bien que deba ponerla de manifiesto. Desde que el Turismo Carretera abandonó las rutas y pasó a los autódromos, consecuentemente con otros factores que acompañaron la evolución hasta estos días, la figura del piloto fue adquiriendo paulatinamente un rol más profesional. Hay algunos pilotos que viven de esto, y como cualquier otra profesión que implica ser un medio de vida, es un trabajo.
La decisión del PSG16 Team de elegir un Ford para que Rossi conduzca en TRV6 también hizo mella en la hinchada, y probablemente haya sido uno de los motivos que también disparó la bronca. Pero Matías no es el primero ni el único: José María López se consagró campeón de esa divisional en 2009 con un Mondeo, y actualmente se luce en STC2000 con un Focus, campeonato que lo tiene como líder y neto protagonista, pero en el TC sigue corriendo con Chevrolet. ¿Cuál es el fundamento, entonces?
Los hinchas le espetan a Rossi que él mismo visitó a la hinchada en algunas oportunidades y levantó la bandera de Chevrolet en infinidad de veces, por lo que su actitud en este 2012 es "una daga al corazón" de todos ellos. Por el contrario, Rossi argumentó que él no hace demagogia con ese tema y que no se inclina por ninguna marca.
Sin embargo, la reacción de algunos de los que se encontraban en ese podio el domingo no sólo generó el repudio absoluto de otros pilotos, gente de los equipos y periodistas por la violencia del contenido de las expresiones, sino que también entre el público general y otros hinchas de Chevrolet tampoco cayó bien lo que pasó. Inevitablemente, se erigió la comparación entre "barras" y "simpatizantes comunes".
Sin dudas fue una situación difícil y sorpresiva, dado que el TC siempre invocó un espíritu de familiaridad, amistad y compañerismo a pesar de las rivalidades en pista. A modo de ejemplo, el hecho de comerse un asado todos juntos y compartir la misma pasión aunque el foco de atención sea diferente según cada caso ha sido el lema del público teceísta, casi en la vereda opuesta a lo visto en San Luis.
Más grave aún es que se desate en un podio con sus tres integrantes de la misma marca, porque hizo que tomaran más cuerpo las diferencias entre el que hoy es el máximo exponente de Chevrolet y algunos hinchas, que prefirieron brindar su apoyo a otro representante. 
Más extraño resulta porque justamente Matías Rossi se cargó al hombro la responsabilidad de abogar por la marca ante el cambio reglamentario impuesto por la ACTC luego de la Etapa Regular que él mismo se adjudicó y propinó duras críticas al actuar dirigencial, al tiempo que se dedicó a poner su auto lo más adelante posible en cada compromiso y su rendimiento le permite volver a mandar, en este caso en la instancia definitoria del certamen.
De acuerdo a este planteo, no es justo que un piloto de la talla y las condiciones de Rossi deba atravesar este periplo. Pero por otra parte, ¿el reclamo de algunos es representativo de la mayoría? Además, la metodología remitió rápidamente al fútbol: ¿en qué momento la pasión dejó de ser tal en su acepción original y mutó en una forma más violenta de disconformidad? 
Casi como las barrabravas que exigen ciertas cosas, entre ellas un buen rendimiento y lógicamente resultados positivos a los equipos en el fútbol, el reclamo tomó un carácter diferente, cuyo objeto no está muy claro de acuerdo a los argumentos expuestos. Si Rossi posee la coupé Chevy más regular, ganó dos carreras en lo que va del año, se adueñó de la primera etapa del campeonato y ahora lidera el Play Off, ¿qué más tiene que hacer? Indudablemente, está pagando el precio por su decisión de parar la pelota y no exceder los límites en su relación con los fanáticos. ¿Qué puede llegar a suceder si se consagra campeón de la Máxima?
Este cuadro activa una alerta sobre el establecimiento de nuevas formas de manejo de las hinchadas en el automovilismo, particularmente el TC, que guarda algunas similitudes con la realidad del fútbol. Si bien es una manifestación incipiente, no hace falta describir qué es lo que sucede cuando una parcialidad pasa a ser una entidad organizada, con estamentos de poder jerárquico y tendiente a responder a intereses particulares escudados en un sentimiento generalizado. ¿Vamos a esperar a que aquí también se adopten las mismas formas?

PorAntonella Croce