Columnas de opinión

04/09/2012

Un llamado de atención

Lo ocurrido en el Gran Premio de Bélgica con el tremendo accidente que protagonizaron el francés Romain Grosjean (Lotus) y el inglés Lewis Hamilton (McLaren) y que casi le cuesta la vida al español Fernando Alonso (Ferrari), provocó un temblor en los estamentos de la Federación Internacional del Automóvil.

Aunque se sabe que la entidad está trabajando desde hace tiempo en diferentes dispositivos para extremar la seguridad de los pilotos, el incidente en Spa-Francorchamps demostró que no se puede esperar más tiempo.

De hecho, las investigaciones del ente rector comenzaron poco después del accidente del brasileño Felipe Massa (Ferrari) en el GP de Hungría de 2009 cuando una pieza del BrawnGP de su compatriota Rubens Barrichello se desprendió y le pegó en cabeza.

Como primera medida, se reforzó la parte superior de las viseras con un material de suma resistencia llamado Zylon. Si bien varios pilotos se quejaron por el peso extra que tenía el casco, poco a poco lo fueron aceptando.

De ahí en más, la FIA hizo diversas pruebas para proteger la única parte del cuerpo que está expuesta en un monoplaza. De todos los sistemas analizados, parece que el ideal sería una cabina cerrada como usan los aviones caza.

Si las trompas feas que se usaron este año causaron cierto revuelo entre el público y la FIA prometió hacer un cambio en el reglamento técnico para que sean más tradicionales, ¿qué podría decir la gente con un F.1 con cabina cerrada?

Lo cierto es que lo ocurrido en la primera curva del circuito belga fue un llamado de atención. Y con la preocupación de todos no alcanza. Es tiempo de entrar en acción y de tomar alguna medida para que los pilotos estén a salvo, aunque la apariencia de los autos de la Máxima tenga que cambiar.

PorDiego Durruty