Columnas de opinión

06/08/2012

Las excepciones pueden terminar en tragedia

Puede que estas palabras suenen reiterativas y hasta fuera de lugar para algunos. Pero nacen, de algún modo, de la necesidad de expresar un pensamiento que sigue estando presente desde el 13 de noviembre del año pasado.

Uno imaginó que después de ese mediodía en Balcarce las cosas cambiarían. Que se tomaría real dimensión de la importancia de la seguridad en el automovilismo argentino. Pero no. Seguimos tirando de la cuerda y apostamos a la buena voluntad de Dios.

Desde aquel 13/11 nos interiorizamos de ciertas cuestiones que antes pasábamos por alto, como los neumáticos de contención. Ahora sabemos que no se puede usar cualquier goma (tienen que ser nuevas porque el paso del tiempo provoca que el caucho se endurezca y pierda su elasticidad) y hasta cómo deben colocarse (siempre enzunchadas y respetando un patrón).

Pero las últimas experiencias indican que no siempre sucede así. Sin ir más lejos el último domingo, en la final del Turismo Carretera, Enrique Candela se despistó tras un toque de José Ciantini y pegó contra las gomas ubicadas cerca de la Horquilla. A simple vista se vieron dos cosas: que no estaban enzunchadas y que no corresponden a las medidas exigidas por los manuales de la FIA.

Pasó en una carrera de TC, pero podría suceder en cualquiera de las categorías que habitualmente se presentan en el trazado porteño y hasta en cualquier circuito y con las divisiones más importantes, como STC2000, Top Race y Turismo Nacional. Porque se sabe que buena parte de los escenarios visitados hasta ahora mostraron fallas en este punto.

Las personas encargadas de inspeccionar los circuitos intentan hacer bien su trabajo, pero cualquier decisión que puedan tomar choca con una realidad: los compromisos ya asumidos. Cómo van a parar una carrera que “ya fue comprada” por el club o cómo hacerlo cuando todo “el circo” ya está armado. Como sea, siempre tratan de minimizar los riesgos con soluciones de último momento, pero la falta de una reglamentación inflexible en este sentido provoca excepciones que pueden terminar en tragedia.

¿Qué hacer para evitar esto? Si los autódromos se resisten -en general por cuestiones económicas- a actualizar los sistemas de seguridad, tal vez las categorías deberían tener sus propios muretes y gomas de contención para ser utilizados cuando sea necesario. O que haya una mayor solidaridad entre los circuitos, como por ejemplo la demostró Termas de Río Hondo al prestarle gomas al Martín de Güemes de Salta para la próxima presentación del TRV6.

Como siempre se dice, el automovilismo es una actividad de riesgo. Pero nadie quiere que en todas las carreras haya alguien lastimado. Tampoco nadie quiere que haya otro 13/11.

PorDiego Durruty