Columnas de opinión

19/06/2012

Hay que correr con lluvia


La carrera de Top Race en Junín desnudó una de las dudas a las que se enfrenta el automovilismo mundial históricamente: qué pasa cuando llueve.

El problema no es nuevo: ya en la Fórmula 1, en 1976, Niki Lauda se negó a definir un campeonato (y lo perdió) porque una tormenta anegó el circuito de Fuji. Y eso que, en esos años, el tema de la seguridad no era tan importante como ahora (en esa década hubo gran cantidad de accidentes fatales). De esa época a hoy, encontramos numerosas pruebas de carreras suspendidas porque las condiciones no estaban dadas, o de algunos pilotos que se negaron a competir “para no romper el auto”.

En el automovilismo argentino nos encontramos con el agravante de que muchos circuitos no están en las mejores condiciones, y no desagotan el agua como deberían. El resultado es que aparecen los charcos y con ellos el famoso “acuaplanning”.

Creo que todos estamos de acuerdo en que estos charcos son un impedimento real para competir. Cuando una pista se inunda, la carrera deja de ser carrera. Por lo tanto, no se puede correr. Es como en el fútbol, si la pelota no pica, no se puede jugar. Hasta ahí es sólo una cuestión de que el comisariato deportivo analice si los charcos impiden la normal circulación de los autos o no (con el agravante, para decidir, de que al dejar de llover, en muy pocas vueltas los charcos desaparecen) y si el agua y el barro fuera del asfalto comprometen seriamente los operativos de rescate.

Sin embargo, la polémica de todas las carreras con lluvia es la visibilidad. Y ahí entran en juego cuestiones personales de cada piloto. Personalmente, creo que los comisarios deportivos dieron un gran paso a favor de las carreras con lluvia cuando se implementó el sistema de largada con auto de seguridad. Recuerdo una carrera de TC en Buenos Aires, en 1999, en la que al menos 15 autos quedaron varados en la S del Ciervo a los 500 metros de haberse iniciado. O una competencia de Fórmula 1 en Spa en 1998, en la que una docena de autos quedaron también en la primera curva.

Pero, una vez solucionada la largada, hay que correr. Y es cierto que al principio no se ve nada. Lo escribo con la experiencia de haber largado en el medio de un pelotón de TC Pista con lluvia. Pero, una vez que empieza la competencia, algo se ve. Más de lo que parece. Y si el limpiaparabrisas anda y el vidrio no se empaña, hay que correr. Parte de la capacidad conductiva de un piloto debe ser su habilidad para sobreponerse a situaciones adversas, como la poca visibilidad o la pista resbaladiza.

El piso mojado iguala los autos y resalta la capacidad específica de los pilotos. Pueden darse grandes maniobras (mucho mejores que con piso seco). El piloto que arriesga tiene mucho más para ganar. Se ven autos de costado, cambios de posiciones, sorpresas de último momento. Se ve la emoción que le falta a las carreas normales.

Por eso hay que correrlas. Pero, claro, si los pilotos se cuidan en extremo, entonces se hacen aburridas. Si nadie arriesga, si hay un Auto de Seguridad cada dos vueltas, si entre un auto y otro pasan más de 10 segundos, la carrera se hace tortuosa para todos.

Es cierto que la seguridad es primordial, pero una carrera con lluvia no es en sí misma insegura. Si bien se ve menos, se va más despacio. Si no hay charcos, se puede correr. Y hay que correr.

PorNicolás Urtubey