Columnas de opinión

17/03/2014

Con sabor a poco

Rosberg y Mercedes inauguraron la nueva era técnica de la F.1 con un triunfo en un GP de Australia escaso de emociones.

La Fórmula 1 está en deuda. Así de simple. Porque mucho se había especulado sobre esta nueva era técnica que comenzó en el Gran Premio de Australia. Había pronósticos de una competencia movida, con muchas emociones. Se especulaba con que solo iban a llegar la mitad de los participantes por la nueva medida de usar solo 100 kg de combustible (135 litros), de que sería una carrera repleta de estrategia. Pero eso no sucedió o al menos no se notó.

De la mano del alemán Nico Rosberg el equipo Mercedes fue invencible y se fue de Melbourne con un merecido triunfo, que en realidad no sorprendió ya que las Flechas de Plata dominaron las pruebas de pretemporada. Como dijo Nico, “el trabajo tiene su recompensa”. Y vaya si se notó en el Albert Park. El sábado el inglés Lewis Hamilton se quedó con la pole y el domingo Rosberg ganó de punta a punta después de protagonizar una magnífica largada que le permitió saltar a la vanguardia desde el tercer cajón de la grilla.


Aunque luego Hamilton abandonó por una falla en el motor, Rosberg defendió el honor y no tuvo problemas en lograr su cuarto éxito en la F-1 e igualar así a su padre Keke, que también había ganado el GP de Australia en 1985. “Siempre soñé con tener un auto así de fuerte. Todo salió perfectamente durante la carrera. Mi salida fue genial y fui capaz de empujar de ahí hasta el final con nuestro consumo de combustible bajo control”, reconoció Nico, quien como el resto de los pilotos recibió recomendaciones periódicas mediante la radio para no acelerar de más.


¿Cuán fuerte está Mercedes? La respuesta la tiene el español Fernando Alonso (Ferrari), cuarto tras ganar un puesto ante la desclasificación del australiano Daniel Ricciardo (había llegado segundo, pero su Red Bull gastó más combustible de lo permitido). “Los motores Mercedes parecen de otra categoría y la lucha de mano a mano fue imposible”, reconoció.


La carrera careció de esa lucha intensa y también de ese vértigo que históricamente transmitían los motores de sus autos. El sonido de los V6 es tan insignificante que se podría decir que no están a la altura de la historia categoría. Punto a favor para el inglés Bernie Ecclestone, jefe comercial de la categoría y quien siempre criticó la utilización de estos impulsores en sintonía con la política de la Federación Internacional del Automóvil de hacer más ecológicas a sus categorías.


Encima los pesos pesados poco pudieron hacer. Hamilton duró pocas vueltas, igual que  el campeón alemán Sebastian Vettel (Red Bull), que tuvo uno y mil problemas con su motor. Mientras que los que se mantuvieron en la pista estuvieron lejos de la lucha: el inglés Jenson Button (McLaren), tercero, penó con un subviraje, Alonso con algunas fallas eléctricas y el finlandés Kimi Räikkönen (Ferrari), séptimo, con la falta de grip de los neumáticos.


Solo el desempeño del finlandés Valtteri Bottas (Williams) le puso algo de emoción al GP australiano gracias a una remontada que le permitió llegar quinto. Aunque también vale destacar el prolijo trabajo del danés Kevin Magnussen (McLaren), que fue segundo en su debut.


La Fórmula 1 está en deuda. Habrá que espera al GP de Malasia, en dos semanas, para saber si la Máxima lo sigue siendo. 

PorDiego Durruty