Columnas de opinión

11/03/2014

Los autódromos argentinos

Las falencias que se notaron en el autódromo de Junín durante la visita del TC dejó expuesto la situación crítica que viven los escenarios.

La última carrera del Turismo Carretera en Junín dejó muchas dudas en sobre si debía o no correrse (algo que al parecer ya es una costumbre en el Eusebio Marcilla) el domingo por la intensa lluvia… pero los problemas en la pista no comenzaron allí. El sábado, una vez más, se levantó el asfalto del circuito en un lugar crítico como sucedió durante el fin de semana de estreno en 2011... Ante este tema puntual, surge la inevitable pregunta sobre el estado de los circuitos argentinos en general. Desde aquí, se expone un punto de vista que casi nadie considera: el de los mismos autódromos.

Para comenzar, hay que dejar en claro dos aspectos fundamentales: 1) Las categorías NO DEBEN correr en circuitos que no estén a la altura de las circunstancias en materia de seguridad y de infraestructura. 2) El ente regulador en materia de seguridad DEBE controlar fehacientemente que un circuito esté en óptimas condiciones antes de autorizar a una categoría a competir allí.

Dicho esto, se puede analizar el problema desde otro punto de vista: el de los mismos trazados. ¿Es rentable hacer o mantener un circuito? Si no lo es, ¿cómo puede ser entonces que haya tantos en la Argentina? Y, por último, ¿es posible que todos estén en óptimas condiciones?

Ante la primera pregunta, la respuesta es bastante simple: Salvo dos excepciones, no es rentable para un privado administrar un autódromo. Y especificamos lo del privado para subrayar un gran problema actual en este rubro y pasar a la segunda pregunta: las provincias o las ciudades compiten entre sí por el turismo y han encontrado en los autódromos una gran fuente de atracción. Los mejores ejemplos son Termas de Río Hondo y los que se encuentran en Entre Ríos. Las provincias gastan millones para hacer o remodelar circuitos que son utilizados solamente dos o tres veces por año y que tienen un costo de mantenimiento enorme. Aquéllas ciudades que no pueden competir en presupuesto se quedan afuera. Como los gobiernos van cambiando, el resultado es que las provincias que invierten en este rubro van rotando y, por ende, autódromos otrora “estrellas” (o al menos “frecuentes”) caen en desuso. Los de Salta, Misiones, Santa Cruz, San Luis y Chaco son buenos ejemplos.

Como decíamos, solamente pueden ser rentables hoy aquéllos autódromos que tienen actividad permanente, como el Juan y Oscar Gálvez o el Roberto Mouras. Fuera de éstos dos, todos son deficitarios. Por ende, dependen de lo que las ciudades o provincias les aporten. Eso hace que un año estén bien y al siguiente sean un desastre. Las eventuales competencias nacionales que reciben apenas les generan el 20% o 30% del presupuesto anual necesario para mantenerse en condiciones y eso cuando les dejan ganancias, algo que no suele suceder. A esto se le suma que a veces están en lugares inhóspitos que hacen imposible algunas medidas de seguridad, como el pasto (en el caso de Neuquén, Comodoro, Trelew, etc), o el espacio para vías de escape (caso Balcarce).

La conclusión es que hay demasiados autódromos con demasiado poco presupuesto, que dependen de los gobiernos de turno para su correcto cumplimiento de las medidas de seguridad. Puesto así, es doloroso. ¿Cómo se resuelve entonces?

Bueno, en primer lugar, las categorías deberían ampliar su negocio. Hoy el TC cobra cuatro millones de pesos por llevar su circo. Considerando que mujeres, jubilados y menores de 12 entran gratis, y que la entrada general sale $ 180 y los boxes $ 450, un autódromo debe vender 15.000 generales y 3.000 boxes para salir “hecho”. Esa cantidad de entradas implica un mínimo de 35.000 personas, algo que últimamente no suele darse. Por lo tanto, se necesitan aportes extra incluso para la categoría “más rentable” como la llaman todos. Ni hablar de una carrera de STC 2000 o de Top Race, que si bien son más baratas (cuestan bastante más de medio millón cada una), no suelen vender muchas entradas o lo hacen a precios mucho más reducidos. ¿Es culpa de los autódromos entonces si no les alcanza el presupuesto para estar en condiciones?

En segundo lugar, debe limitarse la competencia entre autódromos. Eso es o debería ser tarea del Automóvil Club Argentino en conjunto con todas las categorías del país. No puede ser que cada año se construya un nuevo autódromo o se reflote alguno que está olvidado mientras se dejan de lado otros que están bastante cerca. Quizás el mejor ejemplo de esto sean los tres autódromos de la provincia de Entre Ríos. Existiendo el de Paraná, que es convocante y está en buen estado, ¿hacía falta invertir tanto en otros dos como Concepción del Uruguay y Concordia?

En tercer lugar, los autódromos deberían plantear en forma conjunta y abierta su problemática de costos a un ente central (claro que esto es imposible mientras el ACA mire para un lado y la ACTC para el otro). De allí podría establecerse una serie de reglas entre ellos y las categorías para no asfixiar a los más pequeños (quienes no poseen el apoyo estatal) y para ayudarse mutuamente dentro de lo razonable. A su vez, las categorías deberían comprometerse a no fomentar la proliferación de nuevos circuitos.

Claro que, para todo esto, debe darse que los dirigentes de las categorías se hablen entre sí, y que haya un ente centralizador que esté en condiciones de mediar entre unos y otros. En definitiva, lo que supo ser alguna vez el ACA…

PorVoldemort, el innombrable