Columnas de opinión

20/02/2014

Haz lo que yo digo...

El automovilismo argentino vive una particular situación: muchas categorías, presupuestos caros y poca difusión.

Hace muchos años que el automovilismo dejó de ser el segundo deporte en Argentina (si es que alguna vez lo fue). Hoy, lejos del brillo de épocas lejanas, este deporte perdió terreno en lo que hace a difusión con el tenis, el básquet, el rugby e incluso otros. El problema es generalizado, una consecuencia de la mezcla de excesos presupuestarios, falta de representación exterior, multiplicación de categorías, peleas internas entre dirigentes, espectáculos aburridos e incluso pilotos poco carismáticos.

No es el objetivo de estas líneas analizar cada uno de estas causas sino, más bien, concentrarnos en una sola: la multiplicación de categorías nacionales. Desde 1997 se crearon: Top Race, Top Race Series, Top Race Junior, Súper TC 2000, TC Mouras (arrancó como telonera del Top Race), TC Pista Mouras (que si bien no es nacional está dentro del “circuito TC”) y muchas monomarcas, entre las que hoy se destaca la Fiat punto Abarth. Esto es, siete categorías, de las cuales seis son televisadas en estos días (todas menos el TR Junior, que devino en un zonal). A su vez, podemos dividirlas en dos grupos: TRV6 y STC 2000 por un lado, y las demás por otro (grupo al que habría que agregarle el actual TC 2000).

Con la escasez de dinero actual, sumado a los exorbitantes costos de correr (el automovilismo es un deporte caro, pese a quien le pese, y lo es en todas sus formas), la multiplicidad de las categorías genera dos problemas fundamentales: competencia por los pilotos y competencia por la difusión. El resultado da pérdidas para todos.

La competencia por los pilotos Top es evidente desde hace muchos años (el primer gran golpe fue TC vs TC 2000 en el escándalo del verano del 2001, que terminó con el TN volviendo a las filas del ACA.) y es probablemente una de las causas de la baja cantidad de autos en algunas. Dentro de esta problemática podemos encuadrar como principales perjudicados al TRV6 y al STC 2000. Sin embargo, hay otra competencia, menos conocida, pero incluso más dañina, que es la pelea por los pilotos en las categorías promocionales.

Hoy un piloto que surge de zonales, fórmulas o monomarcas, puede elegir entre correr en TCPM, TR Series o TC 2000. No puede correr en más de una, por costos o porque se superponen las fechas, por lo que la cantidad de pilotos “disponibles” se divide por tres. El resultado es que ninguna lleva muchos autos, ninguna llega a 30 y alguna ni siquiera a 20.

Lo más triste de esto es que los dirigentes del automovilismo conocen perfectamente el problema, pero en vez de resolverlo lo agravan. De hecho, muchas veces el (¿ex?) presidente del TRV6 dijo que había demasiadas categorías y también lo comentó recientemente Pablo Peón. El primero de ellos creó dos divisiones no hace mucho, de las cuales ahora queda sólo una y con 20 autos, y el segundo creó una hace apenas dos años, que ahora ni siquiera corre junto con su “superior”.

Entonces, ¿cómo es la cosa? ¿El problema es que hay muchas categorías, pero se siguen creando nuevas? El TR acaba de avalar la creación de la Fórmula 4 Sudamericana, pero ¿nadie se puso a pensar que tal vez vaya en desmedro de la histórica Fórmula Renault, ya de por sí bastante golpeada? La excusa que se oye siempre es la misma: “se busca generar una escalera, para que los pilotos vayan creciendo poco a poco ya que faltan categorías intermedias”. Tal vez lo que falte sean pilotos con capacidad económica suficiente para llenar las divisionales ya existentes…

Los ejemplos se repiten. Y hoy, esta multiplicidad de categorías se siente más que nunca, cuando hay pocos pilotos en condiciones de pagar lo que cuesta subirse a cualquier auto de carreras. Para agravar la situación, la diversidad influyó en la división de la televisación, ya que cada dirigente quiere mostrar “sus” categorías. El resultado es que hoy el automovilismo compite entre sí en pantalla, con resultados lamentables y generando pobres espectáculos la mayoría de las veces, en algunos casos agravados por la escasez de participantes. El TC arrancó su torneo con la cantidad de pilotos más baja en 25 años. El Top Race arrancó con 18 autos, la más baja de su historia. Por ahora se salva el TN, en casi todo sentido (buenos espectáculos, grandes pilotos, muchos autos). El STC 2000 arranca recién a fines de marzo, así que tendremos que esperar para saber con cuántos autos.

La competencia por la difusión también se siente: la pelea por la TV vino de la mano de las “preferencias” de algunos medios por tal o cual categoría, dejando de lado las otras. El resultado es que lo que antes ocupaba tres páginas, ahora ocupa una o dos. Lo que antes era para una divisional, ahora es para tres o cuatro.

Para concluir, hay que retomar lo que dijo Pablo Peón: “Cada vez hay más categorías y eso no es bueno”. Es raro oírlo de alguien que hace sólo dos años inventó una. Sobre todo porque no se arrepiente de haberla creado… Entonces, tal vez sea hora de pasar del dicho al hecho. O quizás sea hora de dejar de lado las rencillas internas. O de cambiar de mentalidad o… de dirigentes.

PorVoldemort, el innombrable