Columnas de opinión

16/08/2013

La (in) justicia teceísta

La resolución del caso de las pruebas del LSG en ruta por parte de la CAF dejó mal parado Mauro Giallombardo, el único que intentó hacer las cosas bien durante el confuso y polémico proceso.

El caso de Mauro Giallombardo era cosa juzgada antes de que la CAF tomara las declaraciones. El campeón consideró una injusticia aceptar una sanción sin haber tenido el derecho a defenderse, y tiene razón. Pero el de Bernal se quedó solo en la cruzada después de que sus compañeros Mariano Werner y Juan Bautista De Benedictis decidieran cumplir su pena, a pesar de haber firmado junto con la Rana la carta pública en la que anunciaban la apelación. La pérdida de número, y por consiguiente de fuerza, no frenó a Giallombardo, quien no aceptó el avasallamiento de la ACTC. Pero pocos se animaban a apostar dos pesos por un cambio en la sentencia final. “Si te condenan y dos de los tres pilotos la cumplen y uno no sería una justicia medio rara”, dijo Oscar Aventin en la larga nota que se publicó en la edición de agosto de CORSA.. Eso es prejuzgamiento, sin dudas. Porque los testigos del campeón aún no habían pasado por la calle Bogotá. ¿Y si llevaban una prueba irrefutable?

Pero hay más. ¿Qué pruebas irrefutables tiene la ACTC de que Giallombardo (lo mismo que Werner y De Benedictis) sacaron una ventaja por el auto que se ve probando en la ruta? “Surge de las declaraciones testimoniales la convicción de que específicamente en el tema de asentamiento de pastillas y discos de freno, es posible trasladar la mejora obtenida de un vehículo a otro”, dice el comunicado de la CAF. Pero no aclara quiénes aportaron esas declaraciones y mucho menos cómo se puede trasladar la mejora, por más que todos se imaginen cómo pudo haber sido... Sin dudas, el resto de los corredores pusieron el grito en el cielo, y con razón.

Probar en ruta es trampa, no es utilizar el reglamento hasta el límite, como muchas veces dijo el escribano Hugo Cuervo, dueño del LSG. El prontuario de Cuervo tiene una cuantas fojas y hasta recibió una pena a perpetuidad, que quedó en la nada con el indulto presidencial. Poco tiempo después del perdón, el escribano cayó otra vez, aunque recibió una leve suspensión hasta fin de año y una multa de $500 mil. Ahora, ¿alguien puede explicar por qué a Cuervo le bajaron la multa a $180 mil? El comunicado de la ACTC cuenta el porqué de la sanción, pero no por qué en el camino se achicó en la friolera de $320 mil. Igual, con los $230 mil que cobra por auto y por carrera no tendría mucho problema en abonar los $500 mil... Claro, el escribano pasó por la Justicia ordinaria y cuentan que la cautelar podría haber dejado en suspenso el campeonato y hasta pararlo. Un acuerdo en las sombras entre el escribano y la ACTC habría cerrado el frente de tormenta y achicado la multita.

Al final, para la ACTC son más culpables los pilotos que el equipo. La prueba fue en Lincoln. Werner vive en Paraná, De Benedictis, en Necochea; y Giallombardo, en Bernal. ¿Quién vive en Lincoln? Cuervo, quien reconoció que hasta no hace mucho tiempo realizaba él mismo pruebas en la ruta para asentar frenos: “Los pilotos te los cocinan”, confesó. Pero los platos rotos los pagaron los pilotos y marche preso. Eso es justicia teceísta. Para Giallombardo, quien avanzó en la apelación a pesar de que desde la cúpula de la ACTC ya le habían bajado el pulgar antes de escucharlo y estudiar sus pruebas, quedará el orgullo de no haberse callado ante lo que considera una injusticia. Tranquilamente podría haber callado y aceptado todo para no poner en riesgo la chance del bi, hipotecada como nunca ahora que deberá largar desde el fondo las dos primeras carreras de la Copa de Oro. Pero antepuso sus valores y es para destacar.

PorAlejo Iriart