Columnas de opinión

20/05/2013

¿Espejismo o realidad?

Finalizada la primera carrera del TC sin cargas aerodinámicas, es hora de hacer un repaso sobre los efectos que este cambio trajo en la categoría y, también, en el espectáculo.

El primer cambio notorio en los autos fue su perfil. La modificación que estuvo de moda entre los técnicos fue levantar la parte delantera del auto y bajar la trasera para poder darle algo de sustentabilidad a ese sector del auto. En definitiva, lo que se hizo fue invertir el perfil. Claro que eso impacta negativamente en la estética de los autos, mostrándolos excesivamente levantados, pero, como dicen los pilotos, “auto lindo es el que gana”. Y es así.
El segundo aspecto a analizar es el espectáculo. En definitiva, el objetivo del cambio era mejorar el espectáculo favoreciendo los sobrepasos, pero no está claro que se haya logrado. Las primeras vueltas de la Final fueron fantásticas, con amplia cantidad de variantes, pero a medida que la carrera fue avanzando se fueron acabando los cambios de posiciones. Entre el lote de punta, el único que pudo realizar un sobrepaso en las últimas 18 vueltas fue Josito Di Palma, quien doblegó a Martín Ponte para apoderarse del último escalón del podio. Claro que el despiste de López y la rotura del motor del Dodge de Castellano influyeron mucho, pero también hay que decir que el circuito jugó a favor del espectáculo en las primeras vueltas, por su anchura y la regularidad del asfalto. Habrá que esperar a Posadas para saber si las primeras vueltas fueron un espejismo o realmente se mejoró en este aspecto.
Lo que sí se notó fue un aumento de los trompos y de los toques, algo que juega a favor del espectáculo aunque también en contra de la seguridad. Se vio, en muchas ocasiones, autos cruzados en medio del circuito (el que mayor susto trajo fue el Chevrolet de Sergio Alaux que hizo un trompo y quedó mirando de frente cómo avanzaba el pelotón). Claro que en Río Hondo eso no es un problema porque la pista es la mejor de Argentina, pero uno se pregunta qué pasaría, por ejemplo, si en un circuito con tierra sucediera lo mismo.
Otra de las variantes con la que se especulaba era la aparición de nuevos pilotos peleando por la punta, algo que no se vio demasiado. Todos los integrantes del podio habían andado bien en las carreras anteriores, y el equipo dominador siguió siendo el Lincoln Sport Group, aún sin su cabeza, Hugo Cuervo, presente en la cita santiagueña. Acaso el único que resurgió fue el Dodge de Castellano.
Quizás lo peor de todo el fin de semana fue el resultado de los Chevrolet. Desde un punto de vista técnico, parecía claro de entrada que serían los perjudicados. A pesar de que en las pruebas libres de la semana anterior se notó que estaban lejos de los tiempos de punta, desde la ACTC se optó por no ver lo que era claro. Pero este fin de semana el problema se acentuó y los usuarios de la marca debieron soportar injuriantes comentarios acerca de que hacían “retranca” para conseguir mejoras. También debieron soportar el ninguneo inicial de la ACTC, cuya postura inicial fue que “todo estaba en orden”  para terminar el fin de semana aceptando lo evidente y programando una prueba urgente para compensar las insalvables diferencias.
Lo lamentable de este problema es que se tuvo la posibilidad de revertir esa diferencia luego de las pruebas libres en La Plata y en 9 de Julio, pero en cambio se esperó a que estallara el escándalo este fin de semana. Mientras tanto, los usuarios de Chevrolet se quejan, con razón, de que perdieron una fecha completa a la hora de sumar para la Copa de Oro.
Por todo esto, es difícil determinar si el cambio fue positivo o no. Tal vez habrá que esperar algunas carreras más para determinar si la emoción de las primeras vueltas del domingo llegó para quedarse o si fue sólo una ilusión. También habrá que corregir las disparidades que generó un cambio tan brusco en el reglamento. Pero lo que está claro es que se quiere mejorar el espectáculo, y eso ya es una buena noticia, porque sin dudas, tarde o temprano, se logrará el objetivo.

PorAgustín Lafforgue