Columnas de opinión

06/05/2013

Se busca responsable

El accidente de la Clase 3 del TN en La Pampa expuso, una vez más, la crítica seguridad de algunos circuitos y el exceso de vehemencia de los pilotos.

Es como un déjà vu. Porque ya se habló y se dijo mucho sobre el estado de los circuitos en la Argentina después de abrir lo ojos el 13 de noviembre de 2011. Pero, increíblemente, sigue habiendo taludes (en Neuquén, durante la final el TC, uno casi sirve de rampa a Lionel Ugalde para volar hacia el público) y también mucha tierra, como se apreció el último domingo durante la carrera de la Clase 3 del Turismo Nacional. Y quien diga que hay tierra porque estamos en el planeta Tierra es poco inteligente…

La realidad indica que estas cosas suceden porque nadie quiere buscar un responsable. Todos se lavan las manos, ya sea dirigentes, los encargados de los circuitos (no todos, claro está) y hasta los pilotos, que se quejan por la tierra, pero después terminan corriendo en pistas críticas y hasta aceleran en medio de una polvareda en su intento de ganar algún puesto. Inconcebible.

La pregunta que uno debe hacerse para tratar de resolver este intríngulis es qué pasaba hace una década atrás. Porque, en su mayoría, los trazados eran exactamente los mismos, pero estas situaciones rara vez sucedían. Claro en ese entonces, las exigencias eran otras, para mejor. Solo vasta recordar que la CDA del Automóvil Club Argentino tenía una lista de circuitos desafectados por su poca seguridad. Pero hoy eso es imposible ya que -en la mayoría de los casos- detrás de cada carrera hay un municipio o un gobierno provincial que aporta los varios miles de pesos que solicitan las categorías. Entonces las carreras hay que hacerlas como sea, resguardándose en el dicho que “Dios es tuerca”.

Además, hace diez años atrás no había tantas categorías como ahora ni tantos pilotos. Porque no corría cualquiera ya que el automovilismo no era un “gran negocio”, sino un deporte. Si bien, de tanto en tanto, había algunos golpes grandes, nadie ponía en discusión la capacidad conductiva de sus protagonistas, como sucede hoy en día. Y algo que también es llamativo es que, en la actualidad, aquellos que provocan los accidentes no son sancionados, como sí sucedía antes.  

Hoy los lamentos por lo que pasó en Toay no sirven de nada, lamentablemente. Salvo que se busque un responsable, alguien que se haga cargo de lo sucedido y que pague por eso para que cada domingo deje de ser un déjà vu.

PorDiego Durruty