Columnas de opinión

04/03/2013

No aprendemos más

Lo ocurrido con el accidente de Lionel Ugalde en Neuquén volvió a poner en duda la seguridad de los circuitos argentinos.

La suerte estuvo del lado de Lionel Ugalde. En Neuquén, el marplatense sufrió un inconveniente en el sistema de frenos de su Falcon y éste salió descontrolado de la pista. A gran velocidad, el auto se detuvo luego de un violento impacto contra un talud de tierra, sobre el que quedó detenido en forma oblicua sobre el borde superior.
El golpe fue escalofriante, y para empeorar la perspectiva, tras el despiste se levantó un remolino de tierra que dificultó la visibilidad para el resto de los pilotos. Cuando se aplacó la nube, una camioneta de rescate de ACTC se acercó a la zona del incidente para prestar los primeros auxilios. A través de las imágenes de televisión se vio que personal de la entidad ayudó al piloto, que ya había salido del auto por sus propios medios, lo subió al vehículo oficial y lo trasladó al sector de boxes. Posteriormente, lo bajaron, le acercaron una silla de ruedas y a partir de allí no se supo más nada hasta horas de la tarde, cuando se conoció que el choque le ocasionó a Ugalde la rotura de dos costillas.
Hasta aquí, una descripción a grandes rasgos de la secuencia de hechos que tuvieron lugar en la duodécima vuelta de carrera, interrumpida con auto de seguridad en ese entonces. Sin embargo, el procedimiento estuvo lejos de ser el apropiado ante un caso de la gravedad del suceso. Otra vez, la ACTC en la mira.
En primera instancia, no hubo una ambulancia con el equipamiento necesario para actuar de acuerdo a lo sucedido y el accionar de los auxiliares no fue acorde. Ugalde no fue inmovilizado sobre una camilla ni se le colocó un cuello ortopédico tras ser retirado del auto, sino que fue caminando hasta una camioneta particular. Luego, al bajarse de la misma también fue de igual manera, se desplazó unos metros y recién ahí fue colocado en una silla de ruedas antes de ser trasladado al hospital rodante y posteriormente derivado al Policlínico de Neuquén. 
En segundo lugar, el estado del autódromo. Aquí es importante traer a colación los dichos de Matías Rossi, que el viernes había advertido que si se levantaba tanta tierra en Centenario no había que correr más. No sólo la polvareda a los costados de la pista fue una falencia, sino también los sistemas de contención. De acuerdo a la mecánica del accidente, el auto trepó el talud, bajo el cual se observa un conjunto de muñecos de goma, pero el Ford se detuvo sobre el límite del cúmulo de tierra compacta, a escasos metros del alambrado que separaba a la gente de la pista.
Es importante mencionar los dichos de Oscar Aventin, presidente de la Asociación Corredores de Turismo Carretera, a través de los cuales revolvió el avispero el sábado por la tarde. El Puma improvisó una conferencia de prensa (la primera luego de un año sin encuentros institucionales con los periodistas) en donde apuntó a varios frentes, y uno de ellos fue el periodismo. Entre otras cosas, achacó sobre la actitud mediática respecto del accidente de NASCAR en Daytona el pasado 23 de febrero.
Según las declaraciones, plasmadas en VisionAuto, el dirigente recurrió a las comparaciones y pasó factura: "Hace poco en el NASCAR un motor voló a las tribunas, en un circuito donde un auto puede pasar por sobre el alambrado. No pasó nada, pero no escuché a ningún medio hablar sobre la seguridad y decir que había fallado algo. Está todo bien, pese a que para algunos cuando hablan del TC está todo mal…”
Indirectamente y sin ser mencionado, Rossi también fue objetivo de las filosas frases por su 'osadía': “Al que no le gusta correr con tierra, que no corra” desafió, y recordó que “hay pilotos que con el Top Race fueron a correr a Comodoro con tierra y no dijeron nada”. Y para terminar, la estocada final: “El TC corrió con agua y tierra y lo seguirá haciendo porque es su doctrina”, aseguró muy firme.
Mordaz e impulsivo, fiel a su estilo, Aventin sentó posición. ¿Pero qué efecto generan sus palabras? El discurso del mandamás fue un día antes del accidente de Ugalde. A más de uno se le heló la sangre al ver la magnitud del hecho y los procedimientos ejecutados en torno al mismo y, para colmo, estaban frescas las palabras del discurso del Puma. Inexorablemente, los fantasmas de la tragedia empezaron a circular otra vez, remanentes de la herida que no cicatriza desde novimbre de 2011.
Balcarce marcó un punto de escisión. El automovilismo sigue desarrollando su curso normalmente hasta el día de hoy, pero es difícil enumerar cuántos cambios tuvieron lugar a partir de ese fatídico episodio. La crítica es inherente a todos los responsables de sostener al deporte motor y no solamente a un ente en particular, porque muchos autódromos del país reciben más de una categoría por año y en tal caso los que ponen sus vidas en juego son los que transitan los circuitos a altas velocidades, los pilotos.
Mike Helton, presidente de NASCAR, expresó un concepto fundamental luego del accidente de la Nationwide: "La cosa más importante que sabemos es que no sabemos todo lo que necesitamos saber. Han pasado cosas que nunca antes vimos, y somos conscientes del hecho que no tenemos el conocimiento absoluto". En la misma línea, el vicepresidente Steve O'Donnell anunció que se hará una investigación para determinar si era necesario o no plantear cambios. "Tenemos en cuenta todos los aspectos después de cada incidente para aprender cómo podemos aplicar las modificaciones en el futuro".
No sólo Lionel Ugalde la sacó barata a pesar de todo, sino que el público que tan cerca estaba del talud donde quedó el auto no se vio envuelto en el hecho. Pero, ¿por qué seguir tentando a la suerte y pensar que la desgracia fue, justamente, con suerte? Los directivos de la categoría norteamericana reconocieron que el peligro es permanente, pero por ello es imperativo minimizar los riesgos en cuanto sea posible. Las actitudes y los hechos hablan por sí solos de las formas de concebir la actividad automovilística en dos latitudes tan disímiles. Parece que la historia se repite, y no aprendemos más.

PorAntonella Croce