Actualidad

24/03/2017

Cuando el Autódromo fue San Martín

En la última Dictadura el autódromo Oscar y Juan Gálvez se llamó General San Martín. A 41 años del golpe de Estado te contamos el contexto del automovilismo argentino por aquellos días.

Hoy no es un día más para todos los argentinos. Hace 41 años la Junta Militar liderada por Jorge Rafael Videla llevó a cabo el golpe de Estado que terminó con el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Luego llegaron días muy oscuros de nuestra historia. Los 30.000 desaparecidos, robo de identidades, privación de la libertad de prensa, una política económica que empezó a demoler el aparato productivo y la guerra de Malvinas (la gota rebasó el vaso) fueron matices que adornaron esos seis años.

En fin, más allá de estos hechos tristemente célebres, el automovilismo criollo pudo sobrevivir a la situación. Fueron tiempos complicados. Una de las primeras medidas de la Junta fue cambiar el nombre del Autódromo. Dejó de llamarse “17 de Octubre” (fue inaugurado por Juan Domingo Perón en 1952) y recibió la denominación de “Libertador General San Martín”.

Sin GP de F.1 ese año por los constantes hechos de violencia, casi toda la atención estaba puesta en las actuaciones de Carlos Alberto Reutemann, que por aquel entonces llevaba a cabo sus últimas carreras con Brabham. Cuatro días después del Golpe, el domingo 28 de marzo, Lole abandonaba tras un toque del italiano Vittorio Brambilla (March) en Long Beach manejando un BT44 B con motor Alfa Romeo.

Aquella fue una mala temporada para el santafesino, donde su mejor resultado fue un cuarto puesto en Jarama (en la fecha siguiente, recién el 2 de mayo). Luego debutó con Ferrari siendo noveno en el GP de Italia en Monza y las cosas cambiarían para la temporada ‘77.

El Turismo Carretera, en tanto, tuvo un paréntesis tras la llegada del gobierno de facto. El 14 de marzo Héctor Gradassi ganó con su Ford del equipo oficial en Buenos Aires. Recién el 25 de abril volvió la acción cuando Carlos Marincovich venció con su Chevrolet en la Vuelta de 25 de Mayo.

Luego llegaría el hito de Roberto José Mouras con sus seis victorias seguidas (récord todavía imbatible) a bordo de su “7 de Oro”, tal como se la conoció a la cupé Chevy preparada por Jorge Pedersoli y Omar Wilke. Sin embargo, el Toro no pudo batir a Pirín Gradassi quien se alzó con su cuarto título.

“Cuando en 1979 comenzamos a fiscalizar nuestras carreras era todo un tema pedir permiso a las autoridades oficiales para poder correr en ruta… En plena Dictadura llevamos a cabo esa clase de carreras”, contó alguna vez Héctor Eduardo Ríos. Por aquellos días cuando el conflicto entre la CDA y la CADAD (Confederación Argentina de Automovilismo Deportivo) era insostenible, El Laucha fue uno de los abanderados para conseguir la independencia fiscalizadora para la ACTC.

Por otro lado, Jorge Spinetto (Fiat 128) y Esteban Fernandino (Fiat 1500) comenzaban a hilvanar sus títulos en la Clase 3 y 4 del TN, respectivamente. Mientras que la todavía pujante Fórmula 1 Mecánica Argentina no había empezado su campeonato. Su primera carrera fue el 14 de mayo en el “Libertador Gral. San Martín” porteño, con victoria de quien resultó campeón en aquella temporada: el uruguayo José Pedro Passadore con un Pianetto-Dodge.

Luego llegarían el nacimiento del TC2000 en 1979 (con su torneo presentación ganado por Cocho López y su Peugeot 504), el subcampeonato mundial de Reutemann en la F.1 en 1981, la creación de la F-2 Codasur a finales de 1982 y el título de Oscar Larrauri en la F.3 Europea, ese mismo año. Éstos fueron los hechos rutilantes en el automovilismo nacional hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando volvió la democracia y el escenario porteño se lo rebautizó como “Autódromo Municipal de la Ciudad de Buenos Aires”.

La idea es mantener la memoria viva sobre algo que marcó a esta tierra. Parte de ella, sin dudas, es el automovilismo criollo. Es un reconocimiento para quienes supieron mantener los motores en marcha en una época difícil. Pero también y, por sobre todo, para recordar a quienes ya no están. Algo que nunca, pero nunca más, debe volver a pasar.

PorDarío Coronel