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16/03/2017

¿Renault hizo trampa?

En Francia acusan al Rombo de falsear los tests de contaminación de algunos de sus motores.

El grupo francés Renault utilizó durante 25 años "estrategias fraudulentas" para falsear los tests de contaminación de algunos de sus motores con la complicidad de sus directivos, afirmó la agencia francesa antifraude.

El propio presidente de Renault, Carlos Ghosn, estaría implicado en este "Dieselgate" francés. "No ha quedado establecida ninguna delegación de poder" de Ghosn en este caso, según la agencia, que le atribuye la "responsabilidad" en el presunto fraude. Renault reaccionó de inmediato y "desmintió formalmente" las acusaciones.

"Renault no hace trampas (...) Todos los vehículos fueron homologados de acuerdo con la reglamentación en vigor", afirmó Thierry Bolloré, vicepresidente de la compañía, a AFP.

La agencia, que depende del ministerio de Economía, sospecha que el fabricante francés creó, igual que el alemán Volkswagen, un programa informático "cuyo objetivo era falsear los resultados" de las pruebas anticontaminación de sus vehículos.

El análisis de la agencia se centra en los modelos recientes de Renault, pero a partir del testimonio de un ex trabajador. Según el ministerio algunas prácticas remontan a 1990.

"Varios vehículos estaban equipados con dispositivos de detección" que permitían al automóvil detectar si estaba superando los límites de los tests de verificación.

Si era el caso, el programa informático adaptaba el funcionamiento del motor para que emitiera menos contaminantes, según el ex técnico, que abandonó el grupo en 1997.

La primera generación de Clio, comercializada en 1990, con motores de gasolina, ya usaba este programa, según él.

La investigación de la agencia antifraude se concentra sobre todo en los motores diésel Euro 5 y Euro 6, homologados desde septiembre de 2009.

Tras estas revelaciones, las acciones de Renault en la bolsa de París cerraron perdiendo 3,67%, en un mercado casi estable.

Las sospechas contra Renault recuerdan el escándalo Volkswagen, cuando el grupo alemán reconoció en septiembre de 2015 haber equipado once millones de sus vehículos diésel con un programa para manipular los resultados de los controles anticontaminación. El caso, surgido en Estados Unidos, ha costado hasta ahora al gigante alemán 23.000 millones de dólares.