Dakar

12/01/2018

“Soy como el Dr. Jekyll y el señor Hyde”

Etienne Lavigne, el máximo responsable del Dakar, explicó los motivos que llevan a cambiar su personalidad durante la difícil competencia.

Mientras el Dakar no está en marcha, Etienne Lavigne es una persona extremadamente amable. Se toma el tiempo para hablar con la prensa y no le importa extender un par de minutos más las entrevistas pactadas. Pero su personalidad cambia radicalmente una vez que se inicia la competencia de la que es el máximo responsable. Su día comienza en la madrugada organizando el operativo de seguridad, continúa arriba de un helicóptero siguiendo las alternativas de las etapas e interviniendo cuando el caso lo requiera y termina por la tarde en el campamento con una reunión con su equipo de trabajo y haciendo relaciones públicas. Rara vez habla con los periodistas y solo les dispone unos pocos minutos en la jornada de descanso para hacer un primer balance de lo sucedido.

Por eso después de haber compartido varios vivacs dakarianos, no hay dudas de una cosa: el Lavigne de la previa y el Lavigne que está en medio de la carrera son dos personas totalmente diferentes. Él mismo lo asumió en una amena charla que tuvo con CORSA en la previa del Dakar 2018. “Soy como el Dr. Jekyll y el señor Hyde”, le afirmó entre risas a La Única. Luego explicó los motivos de ese cambio que le hace honor a la novela que Robert Louis Stevenson publicó en 1886: “Ahora estoy en un trabajo de promoción contigo. No estoy en la dinámica de manejar el evento. Pero durante la carrera hay una presión súper fuerte para que todo salga bien, para manejar las cosas lo mejor posible y, sobre todo, para cuidar a los participantes, al público, al personal de la organización, a todos…”.

Y añadió: “Es una gran responsabilidad estar a frente de un evento de esta magnitud. Estamos hablando de una caravana con más de 3.000 personas que durante 15 días están en movimiento constante a través de tres países, con geografías diferentes y difíciles y condiciones climáticas distintas. Con riesgo de accidentes dentro y fuera de la competencia de manera constante. Realmente es súper difícil estar al frente de este evento. Es más fácil organizar un partido de fútbol entre River y Boca…”.

 

-¿Dónde se encuentra placer, si es que lo hay?

-Armar un evento itinerante de 15 días es una presión muy fuerte. El único placer que puedo encontrar está en la satisfacción de los participantes después de un día interesante de carrera sin problemas y sin accidentes. Pero como sabes, armar un Dakar, no es fácil. Pero eso está en su ADN. Así es su historia y es su manera de existir. Es por eso que dentro de la competencia estoy más cerrado. Tengo una concentración total porque tengo que cuidar todos los detalles. Mi obsesión durante el evento es la seguridad de todos. Obviamente no estoy solo, hay todo un equipo que me ayuda…

 

-¿En su posición de director de la carrera realmente se disfruta un Dakar?

- Organizar la aventura de los otros es, al mismo tiempo, una aventura personal. Tengo que viajar mucho, encontrar muchas personas diferentes, descubrir nuevos lugares, nuevas geografías, imaginar cosas nuevas, manejar un equipo muy grande con personalidades súper interesantes. Cada día es diferente porque se viven cosas muy especiales cada minuto. Hace años que hago esto y lo disfruto porque tengo una curiosidad insaciable por el mundo y por su gente. La curiosidad está en mi ADN y estoy siempre dispuesto a hacer cosas nuevas.

 

-Desde que está trabajando en el Dakar, ¿cuál fue la mayor satisfacción?

-No es porque seas un periodista argentino, pero mi mayor satisfacción fue la primera edición que se largó en tu país en 2009. Para nosotros venir a Sudamérica fue un desafío enorme. En esa época no podíamos imaginar encontrar el éxito que encontramos aquí, en la Argentina, y también en Chile. Esa largada en enero de 2009 en el Obelisco ante 750.000 personas fue un sentimiento de felicidad enorme porque rescatamos el Dakar… Sin la posibilidad de venir aquí era un adiós a la carrera…

 

-Imagino entonces que el peor momento fue la cancelación del 2008…

-Sí… Para organizar y armar este evento se necesita mucho entusiasmo, mucha energía. Porque sin esa energía no se puede organizar algo como esto. Y cuando trabajaste mucho y produjiste un esfuerzo máximo para no tener nada, la frustración es súper intensa.

 

-La llegada a Sudamérica demostró que el Dakar podía mantener su espíritu de competencia difícil a otra parte del mundo, ¿hay alguna posibilidad que en algún futuro la carrera vuelva a cambiar de escenario?

-El Dakar es un evento político. Sin el apoyo de un país es un evento imposible de armar. La dificultad para nosotros es saber rápidamente a dónde vamos a armar la próxima edición. Eso es lo más complicado. Pero por el momento tenemos una buena onda general aquí, en el continente. Lo demuestra el regreso de Perú, la voluntad de Chile de volver a recibirnos y la confianza permanente de la Argentina.

PorDiego Durruty (enviado especial)