Turismo Carretera

22/11/2016

Toro por siempre

Se cumplen 24 años de la muerte de Roberto José Mouras. Tricampeón del TC y uno de los ídolos más grandes del automovilismo argentino. También un ejemplo de vida.

Acaparar la atención del público no se logra sólo con buenos resultados en la pista. Muchas veces los buenos tipos, esos que se destacan arriba y abajo del auto, tienen un reconocimiento especial. Roberto José Mouras fue uno de ellos. Por eso el Toro es resistente al olvido, pese a que hace 24 años se fue para siempre, pero se mantiene vivo en los corazones de los fierreros. Aquél mediodía del 22 de noviembre de 1992 se fue a lo grande, con una victoria.

Mouras hizo mucho por el automovilismo y por su gente. Nació un 16 de febrero de 1948 en Moctezuma, un pueblo del partido de Carlos Casares. Más tarde realizó sus estudios secundarios en Casares y desde muy joven fue muy querido en esa ciudad.

Amigo compinche, buen vecino, pero con fama de rompecorazones. Alguno aseguran que de ahí surgió su otro mote: el Príncipe de Carlos Casares. Claro que ese título luego pasó a ser el de rey, pero en el TC durante su años de hegemonía en la especialidad.

Como típica localidad bonaerense, en Casares se respira automovilismo. Y en especial Turismo Carretera. Roberto no fue la excepción y de a poco se fue volcando a los fierros. A los 18 años comenzó a competir en categorías zonales ganando por primera vez una carrera a bordo de un Chevrolet 400 de Turismo Mejorado.

Entonces debutó en el TC el 30 de agosto de 1970 a bordo de un Torino. Fue en la Vuelta de Chivilcoy y finalizó octavo en la carrera que ganó Luis Rubén Di Palma (Torino), quien llevó como acompañante a Palito Ortega.

Más tarde Roberto pasó a la marca de sus amores: Chevrolet. Gestó una gran relación con el preparador preponderante de la marca: Jorge Pedersoli. Junto a Omar Wilke fueron los artífices de la cupé Chevy del equipo oficial de General Motors que condujo el Toro: el mítico 7 de Oro, con el que logró seis triunfos consecutivos. Un récord que aún no fue batido, aunque no pudo ser campeón ese año.

Ya iniciada la década de los ochenta, sus preparadores le aconsejaron al Príncipe cambiarse de marca ante el buen rendimiento que mostraban las cupé Dodge GTX. Con este modelo llegó la gloria. Mouras ganó 27 carreras y se quedó con los títulos en 1983, 1984 y 1985. Fueron los años de aquellas luchas épicas con Oscar Roberto Castellano, su rival más fuerte en la popular categoría.

Al año siguiente retornó a Chevrolet, su gran amor. Siguió siendo protagonista y ganador. El idilio de la gente de la marca crecía a cada segundo. Peleó campeonatos, pero no hubo caso. Llegó la temporada de 1992. Ante el reciente retiro del Pincho Castellano, muchos se preguntaban si Mouras seguiría su camino a fin de año.

Pero el Toro estaba más vivo que nunca. Luego de ganar en el arranque en el Triángulo del Tuyú, en Santa Teresita, logró un memorable triunfo en Buenos Aires. Sus máximos oponentes a la corona eran Juan Manuel Landa (Dodge) y el entonces campeón, Oscar Raúl Aventin (Ford).

Sin embargo el mediodía del 22 de noviembre de 1992 en el circuito de Lobos, se fue para siempre. Venía ganado la final, pero un fuerte golpe contra un talud de tierra tras la rotura de una goma delantera izquierda, le ocasionaron heridas mortales. Fue declarado ganador post mortem. Esa fue la victoria número 50 del Toro. Corrió 259 finales, es decir que festejó en casi una de cada cinco disputadas. Todavía es el segundo más ganador en la historia del TC, superado sólo por Juan Gálvez, con 56 éxitos.

Un hondo pesar causó su partida. Donde más se sintió fue en su tierra, en Carlos Casares. Luego de su deceso se supo de los gestos del gran campeón. El hogar “Mi Casa Grande” es un centro para chicos de la calle ubicado en ésa localidad. Hacia allí iban las zapatillas, los alimentos y juguetes que Mouras compraba en Buenos Aires.

Su humildad lo llevaron a mantener el perfil bajo y no hacer elocuencia de su generosidad. Su hidalguía dentro y fuera de la pista también fue reconocida por sus rivales. “Tuve poca relación con él debajo del auto. Éramos muy ásperos corriendo pero siempre tuvo unos códigos admirables. Lamenté mucho su partida”, aseguró el Pincho Castellano.

“Nunca integró la Comisión Directiva de la ACTC, pero todos los martes estaba en la sede. Se tomaba su te y siempre participaba dando su opinión”, recordó el Puma Aventin. “Fue el hijo que me dio la vida”, confesó Pedersoli.

La ACTC le rindió un merecido homenaje con el autódromo que lleva su nombre en La Plata. También dos de sus categorías: el TC Mouras y el TC Pista Mouras. Pasaron 24 años de su partida, pero su recuerdo está más vivo que nunca.

Querido y respetados por todas las hinchadas. Admirado por sus propios rivales. Ídolo de muchos jóvenes que nunca lo vieron correr. El mejor tributo que se le puede hacer es seguir su ejemplo de vida. Gracias por todo Roberto José Mouras.

PorDarío Coronel