Indy Car

26/09/2012

Todo un luchador

A lo largo de su carrera, Ryan Hunter-Reay debió remar contra la corriente. Y tanto esfuerzo tuvo su recompensa en 2012: el título de la IndyCar.

"Nunca te rindas”. Con estas palabras Ryan Hunter-Reay se siente muy identificado al momento de hablar de su campaña como piloto. Luchador como pocos, el nacido el 17/12/1980 en Dallas (EE.UU.), siempre soñó con destacarse como corredor. Hoy, después de consagrarse en la IndyCar, puede decir que cumplió gran parte de ese objetivo.

Como para cada cosa que logró en su vida, esta vez también debió sufrir. Es que la última cita del calendario 2012 de la serie yanqui entregó un cierre inimaginable. A esta definición, en el óvalo de Fontana, solo Will Power y Hunter-Reay llegaron con chances. El australiano tenía todo a su favor con 17 puntos de ventaja, aunque la situación cambió en la vuelta 54 cuando perdió el control de su Dallara e impactó contra el muro. A contrarreloj, su equipo reparó el coche para que pueda dar 12 vueltas más y así ganar una posición (la de Ernesto Viso, que había abandonado). Eso obligaba a su rival del Andretti Autosport a terminar quinto o mejor para festejar. Finalmente, Hunter-Reay lo consiguió y llegó cuarto.

En este año, sus mejores resultados fueron cuatro victorias (Milwaukee, Iowa, Toronto y Baltimore), un segundo y un tercer puesto. Y, en base a regularidad, logró que el título de la IndyCar vuelva a quedar para un estadounidense (el anterior había sido Sam Hornish Jr. en 2006).

“Estoy orgulloso de mi país. Admiré a los corredores estadounidenses cuando comencé en este deporte; y era un fan de esta serie. Ahora estoy del otro lado y es genial. Siempre creí que, si me daban la oportunidad, podía estar en esta posición”, reconoció sin poder sacarse de la cabeza los malos momentos por los que debió pasar hace unos años.

Es que a pesar de destacarse durante su juventud con varios títulos en el karting, de obtener una beca para competir en la Fórmula Skip Barber y de hacer toda la escalera para llegar a las categorías mayores, la carrera de Ryan estuvo marcada por la adversidad. Ganó en sus dos primeros años en la serie CART y con equipos no tan poderosos, aunque luego el texano se sintió marginado.

“Definitivamente creo que el año 2006 rozó el fondo”, admitió. En esa época corrió algunas pruebas de sport prototipos y gran turismo (American Le Mans Series y la Grand-Am Rolex). Todo con el objetivo de mostrarse y estar atento a cada chance que se presentase.

Hasta que, a mediados de 2007, el Rahal Letterman Racing lo contrató para realizar las cinco fechas finales de la IndyCar. Y aunque disputó un calendario limitado, Hunter-Reay recibió el premio de Novato del Año. Al año siguiente, triunfó en Watkins Glen y fue sexto en su primera experiencia en las 500 Millas de Indianápolis. Sin embargo, en 2009 se evaporó el patrocinio del team de Bobby Rahal.

Realizó seis fechas con el Tony George Vision Racing y se trasladó al AJ Foyt cuando se lesionó Victor Meira. Pero él quería un compromiso a largo plazo, algo que finalmente consiguió de la mano de Mario Andretti y tras reunir el presupuesto para continuar hasta fines de 2012. Y devolvió esa confianza con una corona. “El 90 por ciento del éxito en las carreras es tener la fortaleza, el compromiso y el impulso para seguir adelante, no importa lo que pase”, contó.

“Realmente, todo es muy parecido a mi carrera. Pienso que jamás hay que rendirse. Este año debimos regresar varias veces. Tuvimos mala suerte al principio, nos recuperamos, quedamos al frente del torneo, perdimos la ventaja y luego la logramos nuevamente. Nunca hay que darse por vencido”, sostuvo el piloto del Dallara Nº 28, que tiene una connotación especial.

Es que luego de que su madre, Lydia, muriera de cáncer en 2009, Ryan se volcó a la lucha contra esta enfermedad. Y eligió ese número como muestra de apoyo, ya que se estima que este mal afecta a unos 28 millones de personas en el mundo. También es uno de los promotores de la empresa “Racing for Cáncer” (una organización fundada en 2010 para ayudar a construir la conciencia de la lucha contra este mal) y colabora con la fundación Livestrong, del ciclista Lance Amstrong.

Así que seguramente una buena parte del cheque de un millón de dólares que se ganó por conquistar la corona de la IndyCar no quedará en su cuenta bancaria.

PorDiego Bascuñan