Fórmula 1

16/08/2017

El rey León

Se cumplen 25 años del título mundial de Nigel Mansell. Aplastó con su Williams-Renault y se coronó faltando cinco fechas.

Fueron más de 11 años de esfuerzo, lucha, dedicación y algunas frustraciones. Pero la perseverancia tenía guardado el premio más grande para Nigel Mansell: ser campeón de Fórmula 1. El inglés, conocido como el “León” por su aguerrida forma de correr, el 16 de agosto de 1992 se coronaba campeón mundial tras ser segundo en el Gran Premio de Hungría.

Mansell debutó en la Máxima con un Lotus en el Gran Premio de Austria de 1980, donde abandonó por fallas de motor. Corrió una vez en la Argentina, en 1981, también con el equipo del recordado Colin Chapman. En el Autódromo volvió a desertar por mermas en el impulsor Cosworth. Más allá de esos percances y no ganar con la escuadra inglesa, siempre guardó un gran recuerdo de Chapman. “Pienso en Colin todos los días de mi vida. Él actuaba como si yo fuera su hijo. Y yo, como si fuera mi padre”, llegó a revelar.  

Su llegada a Williams en 1985 lo confirmó como un piloto Top. De hecho, tras 72 carreras, ante su público logró su primer triunfo en la especialidad en el Gran Premio de Europa disputado en Brands Hatch. En la temporada siguiente con un muy competitivo FW11 con motor Honda peleó el título hasta el final. Podría haber sido campeón si no sufría la rotura de la goma trasera izquierda. “Si me arrepiento de algo es haber escuchado al equipo cuando me decía que no tenía necesidad de cambiar neumáticos en Adelaida ‘86”, recordó el inglés, quien perdió el título por dos puntos a manos del francés Alain Prost, quien por entonces plasmó su bicampeonato.

En 1987 otra vez estuvo cerca de la gloria. Peleó mano a mano con su compañero de equipo, Nelson Piquet. Con el FW11B logró seis victorias y se consolidó como un velocista con sus ocho poles positions. Pero la regularidad del brasileño, con tres triunfos y 11 podios, le impidió alcanzar la corona y fue otra vez subcampeón, a 12 unidades del carioca. Sin embargo Mansell acusó de desigualdad a la proveedora de impulsores: “la gente de Honda digitó algunos resultados. Ellos decidieron el duelo de 1987 con Piquet dándole un mejor motor en Monza, Estoril  y Jerez...”

Tras un mal ejercicio en 1988, a bordo del FW12 impulsado por Judd que no rindió como se esperaba (terminó 9° ese año) y el reinado de los McLaren-Honda, en 1989 pasó a Ferrari. Tuvo un debut soñado ganando en Brasil y repitió en Hungría, pero continuó la monarquía de Woking con el duelo predominante entre Prost y Senna y poco pudieron hacer el León y el resto. Siguió en la Scudería hasta finales de 1990 y retornó a Williams en 1991.

Fue ahí, con un poderoso FW14 ya motorizado por Renault, que le disputó el campeonato a Ayrton Senna hasta la penúltima fecha en Japón, donde un despiste lo volvió frustrar... De aquella temporada se recuerdan dos postales que son íconos de la F.1 como el “paseo” que en Silverstone le dio a Senna en el pontón izquierdo, al haberse quedado sin nafta. También con el brasileño, otra fue la pelea mano a mano, casi al roce, en la recta principal del entonces flamante circuito de Montmeló, España.

Mansell fue invencible en 1992.

Mansell fue invencible en 1992.

Llegó 1992 y la amenaza demostrada el año anterior se concretó. Con la versión B del FW14 el británico ganó las cinco primeras carreras del año de forma consecutiva: Sudáfrica, México, Brasil, España y San Marino. Una marca que recién se igualó en 2004 con Michael Schumacher, temporada del último título del Kaiser.

“Creí que nunca sería campeón de F-1”, llegó a confesar Mansell, quien hace un cuarto de siglo logró en total nueve victorias (récord que igualó Sebastian Vettel en 2011), tres segundos puestos y desertó en las cuatro carreras restantes. Su manejo y el notable rendimiento de su auto le permitieron celebrar de forma anticipada en el Hungaroring, donde fue escolta de Senna, que ese año no tuvo un auto competitivo con su McLaren, a pesar de que aún era motorizado por Honda. Con 39 años (nació el 8/08/1953), el León alcanzó la gloria faltando cinco fechas para terminar el Mundial.

El inglés era merecedor de ese cetro que tanto anhelaba en la F-1, donde en total corrió 187 GP’s, logró 31 triunfos, 32 poles positions y 59 podios. Es el segundo piloto británico más ganador en la Máxima, solo por detrás de Lewis Hamilton, que tiene 57 victorias. 

Pero no todas fueron rosas ese año para Nigel. Por diferencias económicas con Frank Williams, no defendió el “1” en 1993 y cruzó el Océano Atlántico para sumarse al CART. Con el equipo Newman-Haas Racing fue campeón en su primer intento. En ese ejercicio también fue tercero en su debut las 500 Millas de Indianápolis.

Más tarde tuvo dos vueltas esporádicas a la F-1. En 1994, con Williams, abandonó en Francia y en el GP de Europa realizado en Jerez de la Frontera. Aunque después fue cuarto en Japón y ganó en Australia. Repitió en 1995, con McLaren, resultando décimo en San Marino y abandonando en España.

Una imagen memorable: Mansell llevando a Senna en su Williams.

Una imagen memorable: Mansell llevando a Senna en su Williams.

De fuerte personalidad, hasta tuvo algún encontronazo con Senna debajo del auto. Aunque el astro brasileño llegó a elogiarlo afirmando que “si Mansell está atrás tuyo, tiene un buen auto y está motivado, es imposible mantenerlo atrás. Te va a pasar, por arriba de tu cabeza, pero te va a pasar. Es el único que está al mismo tiempo en los dos espejos retrovisores”. Bien lo supo el tricampeón 1988/90/91, quien en Mónaco 1992 tuvo una titánica tarea para ganar tras aguantar los embates del británico.  

Por eso en su carrera Nigel Mansell se ganó el respeto de sus rivales y el reconocimiento que merecía. Además, su manera de correr, aguerrida, a fondo, áspero, siempre dejando todo, le valió el afecto de fanáticos en todo el mundo. Su título mundial fue el corolario de una gran campaña. Hace 25 años fue el rugido más fuerte del León que se convirtió en rey.

PorDarío Coronel